Afrodita Anadiomena

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Esta escultura de bulto redondo labrada en mármol representa a Afrodita Anadiomena o recién nacida, emergiendo del mar y acompañada por Eros o un amorcillo, tal como narra Hesíodo en su Teogonía (vv. 188-206). Por sus dimensiones, no puede considerarse una imagen de culto público ni privado; posiblemente se trate de una obra destinada al ámbito de lo decorativo y lo ornamental, ya que este motivo se hizo muy popular como decoración de baños termales en la época romana.

Afrodita era la diosa de la belleza, el amor, la fertilidad, y encarnaba las fuerzas primordiales de la Creación. A partir del siglo III a.C. ésta sería identificada con Venus por los romanos, divinidad local relacionada con las mismas potencias. La diosa, según Hesíodo, nació de la espuma —el esperma— que se originó en el mar alrededor de los genitales cortados de Urano. En los orígenes del universo, Urano (el Cielo) se unió a Gea (la Tierra), engendrando a diversos hijos, pero por miedo a que ellos le destronaran los mantenía encerrados en el seno de su madre. Crono, harto de esta situación, se hizo con el poder castrando a su padre y lanzando su sexo al mar:

«De la espuma y en medio de ella nació una doncella. Primero navegó hacia la divina Citera y desde allí se dirigió después a Chipre... Salió del mar la augusta y bella diosa, y bajo sus delicados pies crecía la hierba en torno [...] La acompañó Eros y la siguió el bello Hímero al principio cuando nació, y luego en su marcha hacia la tribu de los dioses. Y estas atribuciones posee [...]: las intimidades con doncellas, las sonrisas, los engaños, el dulce placer, el amor y la dulzura».

Aunque no se han conservado las extremidades, es posible apreciar la belleza de la pieza en la cuidada factura y el suave modelado de las formas femeninas. Afrodita aparece estante, desnuda, en leve contrapposto; apoya el peso sobre la pierna izquierda y flexiona muy ligeramente la derecha. Sin embargo, la estabilidad de la pieza se debía al soporte macizo del flanco izquierdo, donde se situaría Eros o un amorcillo.

Eros era la personificación del amor: hijo de Afrodita y Hermes o Ares, según diversos mitos. Su iconografía como un robusto niño de tres o cuatro años se establece a partir del siglo IV a.C., presentándolo como un infante alegre que juega con diversos animales, especialmente con delfines, aves, etc. (Musée du Louvre, CA635). En esta escultura, es posible que apareciera montado sobre un delfín, según se observa en otros modelos similares: la aleta caudal del cetáceo se eleva sobre la cabeza del niño, quien aparece sentado a horcajadas con el brazo derecho en alto y el izquierdo en actitud de sujetarse al animal. En este caso, sólo se ha conservado la testa del erote, en la que destacan las facciones rollizas del infante y el cabello rizado.

A pesar de que la cabeza de Afrodita ha desaparecido, la línea de fractura del cuello indicaría que estaba dirigida hacia abajo, mientras que la fractura de los brazos sugieren que la diosa intentaba cubrir su desnudez, ya que el arranque del hombro izquierdo parece sugerir que este descendía sobre su torso, quizá para cubrir su sexo, mientras que el derecho se despega del cuerpo y se eleva para sostener sus cabellos húmedos o bien, parte de un manto. Otra posibilidad es que ambos brazos estuviesen elevados sujetándose el pelo. Aunque el nacimiento de la diosa se representaba en la cerámica desde el siglo V a.C. (hidria ática de figuras rojas, Museo Civico di Archeologia Ligure, Génova), es sabido que el prototipo escultórico de Afrodita sirvió a los artistas para sublimar las cualidades que la diosa encarnaba: la belleza, el atractivo erótico y el deseo sexual.

Según documentan los monumentos, esta iconografía era una innovación tan radical en la representación de la diosa como lo fue en el siglo IV a.C. la Afrodita de Cnido, de Praxíteles. Cierto es que el tema de la Anadiomena ya aparecía en el arte del relieve más antiguo, pero en principio sólo se transfirió a la escultura de gran formato según el tipo de la Afrodita semidesnuda, que, sugestivamente inclinada hacia delante y con el manto anudado ante las piernas, presenta su hermoso cuerpo sin dejar ver las partes pudendas. Frente a esto, la imagen de Afrodita Anadiomena completamente desnuda, erguida y con los brazos alzados, exhibe todo su cuerpo ante el observador. De todos modos, de ninguna manera hay que entender esta postura como indicio de impudor por parte de la diosa, más bien, la epifanía de la todopoderosa deidad del amor, que emerge del oleaje ante las fascinadas miradas de los seres marinos que la acompañan.

A Praxíteles se le atribuye la creación y popularización de los modelos de Afrodita semidesnuda, la de Arlés (Museo del Louvre, inv. MR365) y la Cnidia o Púdica (c. 360 a.C.), en donde la diosa es representada mientras realiza el baño lustral. Sin embargo, es a Apeles a quien la tradición otorga el papel de creador del modelo Anadiomena, surgiendo de la espuma marina y escurriendo sus cabellos con las manos, hacia el año 340 a.C. (Venus de Cirene, Museo Antigüedades de Libia).

Los prototipos mencionados tuvieron gran difusión en toda la cuenca mediterránea, entre los que destaca especialmente la llamada Afrodita de Siracusa, conocida también como «Landolina». Este modelo helenístico tuvo gran éxito entre los escultores romanos y gozó de gran aceptación en Hispania, como se observa en las numerosas obras conservadas en nuestros museos (Museo Arqueológico Nacional, inv. 2002/114/23; Museo Nacional de Arte Romano CE00088 y CE00680; Museo de Arqueológico de Sevilla inv. REP05396).

BIBLIOGRAFÍA:

- BLANC, N., GURY, Fr. «Eros». 1986. nº 157-192, LIMC III.
- DELIVORRIAS, A. «Aphrodite». 1984. nº 349-786, LIMC II.
- ELVIRA BARBA, M. A. Arte y Mito. Manual de Iconografía Clásica. Madrid. 2008.
- ESTEBAN SANTOS, A. Iconografía de la mitología griega. Dioses II: Los grandes Olímpicos. Madrid. 2011.
- GIULIANO, A. Museo Nazionale Romano. Le Sculture. 1979. Vol. I. 1. Pág. 170 y ss., nº 115.
MANSUELLI, G.A. Galleria degli Uffizi. Le Sculture I. Roma. 1958. Pág. 128 (comentario a nº 89).
- MARTÍN DE LA TORRE, A. La Venus de Itálica. Ampurias, 3. 1941. Pág. 140-141.
- SIMON, E. Die Geburt der Aphrodite. Berlín. 1959.

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