Balsamario de Antinoo

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En la Antigüedad, los balsamarios eran pequeños recipientes, ya sea en bronce, cerámica, alabastro o vidrio, destinados a contener aceites perfumados o bálsamos a base de resinas aromáticas, incienso, hierbas o flores. Dado el alto valor económico de estas sustancias, los vasos dedicados a conservarlas fueran realizados con materiales nobles y ricamente decorados. Estos bálsamos se utilizaban especialmente en los baños y la palestra, siendo aplicados al señor o señora por esclavos mediante enérgicos masajes. No obstante, numerosos balsamarios han sido hallados en contexto funerario, dado que estos aceites eran también empleados para uncir a los difuntos.

La presente obra constituye un perfecto ejemplo de la broncística de época romana, tanto por su técnica como por su expresión plástica. La pieza habría representado el busto de Antinoo, aunque sólo se ha conservado su testa. Antinoo fue un joven nacido en Bitina (Asia Menor) alrededor del año 110 d.C., cuya belleza deslumbró al emperador Adriano (117-138 d.C.), quien lo incorporó a su corte y lo convirtió en su persona de confianza y amante. Según el historiador romano Dion Casio (LXIX.11), su extraña muerte en el Nilo, como parte de un sacrificio en honor a Osiris para beneficiar a Adriano, afectó al emperador de tal forma que fundó una ciudad con su nombre, lo divinizó, instituyó culto a su persona y le dedicó estatuas y templos.

Rápidamente, el rostro de Antinoo se convirtió en ideal de belleza y se lo asimiló a divinidades que prometían la vida eterna, especialmente a Baco, Osiris, Atis, etc., adquiriendo también sus atributos iconográficos (Musée du Louvre, inv. MR16 y Ma 238). Si bien Adriano favoreció la estética helenística en su amplio programa monumental y decorativo tanto en Roma como en las capitales provinciales, la cabeza inclinada del joven y los ojos en sombra aportaban matices psicológicos nuevos, como se aprecia en los bustos del Museo del Prado (inv. E00060) y del Museo Nacional Arqueológico de Atenas (inv. N° NM 417).

Este bronce recoge la iconografía habitual del joven, casi efebo, que destacaba por su abundante cabellera rizada, la cual caía sobre su frente en mechones abultados en varias capas. Los ojos redondeados presentan la pupila horadada, posiblemente con el fin de albergar una piedra preciosa o pasta vítrea, material que habría aportado no sólo un mayor cromatismo a la pieza, sino que también habría otorgado gran realismo a la representación del favorito de Adriano. La técnica empleada en el balsamario de bronce es la llamada de «fundición hueca», proceso en el que se forma un hueco al invertir el molde, después de que el metal haya solidificado sobre su superficie.

La pátina verde oscura del bronce realza la belleza de la obra, permitiendo apreciar detalladamente el diseño de los grandes rizos de la cabeza. En la parte superior se situaría la boca con tapadera, la cual evitaría que los ungüentos se derramaran. A ambos lados, se observan dos salientes en forma de hoja de hiedra sobre los que apoyan los arranques de dos anillas: éstas habrían sujetado el asa del recipiente, hoy perdida, tal y como se aprecia en otras piezas similares (Museo Nacional de Arqueología, Madrid, inv. nº 32641). Posiblemente, el busto de Antinoo se hubiera apoyado sobre un pedestal, característico de este tipo de vasos plásticos (Museo Nacional de Arte Romano, Mérida, inv. CE30139).

La elección de Antinoo para decorar el balsamario no resulta fortuita, ya que como se ha comentado, su asimilación a diversas divinidades salvíficas (que habían derrotado a la muerte) y su figuración como ideal de belleza juvenil fomentaron su culto como dios garante de la vida eterna. Se conservan alrededor de 20 balsamarios en bronce con su efigie en diversos museos europeos y colecciones privadas, ninguno de ellos sobrepasa los 20 cm de altura, y en los que destacan siempre los suaves rasgos del efebo y la abundante melena (Antikensammlung, Berlín, inv. 1988.4; Museo de Belgrado, inv. AA/2498; Staatliche Antikensammlungen, Munich, inv. SL30; Royal Athena Galleries s/n). En ocasiones, su rostro se confunde con el de Mercurio, dios psicopompos, es decir, encargado de guiar las almas al Hades, pero también protector de los gimnasios y competiciones atléticas. Asimismo, también tenemos testimonios de bronces decorados con los bustos de Hércules, Marte, Baco y otros personajes de su cortejo junto a jóvenes adolescentes.

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