Cilindro de los cocodrilos

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Vaso en forma cilíndrica de base plana y apertura superior con un leve labio exvasado. Se modeló en terracota decorándolo mediante bajorrelieve por médio de la incisión. La iconografía ocupa la totalidad de la superficie; en la parte superior hay una cenefa de dibujo geométrico que se inicia en una corta escalera de tres peldaños y desemboca en forma de tirabuzón, este elemento se repite ocho veces. Le siguen dos bandas con un leve relieve redondeado.

El motivo principal que da la importancia al vaso es la bellísima representación de dos cocodrilos vistos de perfil con las cabezas mirando hacia arriba, labrados en diagonal ocupando cada uno una parte del vaso. Las cabezas de los reptiles son las partes más decoradas, destaca el ojo junto a una gran boca dentada. El cuerpo está todo escamado y la larga cola finaliza con elementos decorativos que se alejan de la realidad, pero que son una de las características artísticas de los mayas.

La cultura Maya se desarrolló en una extensa área, desde el centro – sur de México hasta Guatemala y Honduras. Esta área se compone de tres diferentes regiones: las montañas o Tierras Altas, la selva tropical o Tierras Bajas y las tierras bajas del Golfo de México y península de Yucatán, cada una con recursos propios y diferenciados. La actividad de los mayas durante el período clásico se centró en las Tierras Altas y Bajas, cuyos centros más importantes fueron Tikal y Kaminaljuyú, respectivamente.

La cultura Maya comenzó a formarse a partir de los primeros grupos aldeanos y agrícolas que habitaron la zona y participaron de la esfera de intercambio e influencias de grupos del centro de México, principalmente los Olmeca. Alrededor del siglo x d.C., posiblemente producto de la falta de lluvias, del deterioro del sistema ecológico y del descontento social, se produce el abandono de los principales centros cívicos-ceremoniales. Posteriormente poblaciones de origen Maya se habrian establecido en la península de Yucatán y junto a grupos provenientes del centro de México, principalmente toltecas, conformarían nuevos centros, como Chichén Itza y Mayapán, que perdurarían hasta la llegada de los españoles en 1525. Aún hoy existen pueblos que pertenecen a la tradición Maya, desde Yucatán a Honduras, y que continúan con el modo de vida, las vestimentas y la lengua de esta antigua cultura.

La base de la economía Maya fue la agricultura de roza en campos de cultivo o milpas, sembrando, con la ayuda de palos aguzados, principalmente maíz, calabaza, ají y frejoles. Se trabajaba cuatro meses al año y, producto de la erosión, las tierras debían rotarse constantemente. Además, recolectaban gran cantidad de vegetales y frutos silvestres, cazaban animales salvajes, extraían miel de colmenas y pescaban en el mar, lagos y ríos. Como los recursos eran diferentes en cada región, el intercambio jugaba un papel fundamental. Los mayas lograron medir el tiempo y los movimientos de la tierra y de las estrellas, a partir de cálculos que eran realizados por un sistema matemático vigesimal. Desarrollaron dos calendarios, uno solar o haab (de 365 días con 18 meses de 20 días, más uno adicional de 5) y otro lunar o tzolkin (de 260 días), que regulaban las actividades civiles y religiosas respectivamente. Ambos actuaban de forma simultánea, en una rueda calendárica, que luego de 52 años cerraba un ciclo y los acontecimientos volvían a repetirse. Además, a partir del legado dejado por la cultura Olmeca, los mayas desarrollaron una escritura de glifos o signos que se distribuían en dos columnas, leídas de izquierda a derecha y de arriba abajo. Ésta se encuentra plasmada en muros y escaleras de edificios importantes, en cerámica y en libros o códices hechos en papel de amate o de piel de venado.

Los mayas desarrollaron un estilo único y con una complejidad que suele compararse al barroco europeo. Representan al ser humano de forma muy realista y con correctas proporciones anatómicas, en poses naturalistas y con énfasis en el movimiento. Los principales temas de su arte fueron lo sagrado, lo ritual y lo jerárquico, aunque también hay escenas de la vida diaria y la fauna local, como el mono, tapir, jaguar, murciélago, quetzal, peces y tortugas. La piedra era una de las materias primas más usadas, con ellas se construyen edificios y se tallaban estelas, esculturas y diferentes bajos y sobre relieves que adornan las construcciones. En arquitectura introdujeron la estela–altar, el arco y la falsa bóveda. Además del arte monumental, la estética personal también era importante y por ello hacían adornos de jade, como orejeras, pendientes, collares y máscaras, se deformaban los cráneos y narices y se colgaban un adorno en la frente para quedar turnios. Su alfarería, decorada con pinturas y grabados, ofrece muchas de las más finas piezas de arte precolombino, siendo sus formas más frecuentes los vasos, las escudillas y los incensarios. Los primeros, habitualmente, contienen textos escritos con el sistema de glifos que desarrolló esta cultura.

El culto fue fundamental en los mayas, ya que concebían el mundo terrenal y sobrenatural, inferior o de tinieblas y superior o celestial, como una unidad en que seres humanos, deidades, animales y vegetales estaban estrechamente ligados por el destino desde su nacimiento. Es por ello que acudían a los grandes centros cívico–religiosos en busca del horóscopo y ofrendaban sangre de las yemas de sus dedos, de los lóbulos de las orejas o de la lengua, la cual era depositada en los altares erigidos frente a las estelas. El panteón era amplio, destacando el dios creador Hunab – Ku y el dios de la Noche que habitaba el inframundo: dios Ah Puch. Además, veneraban al Sol, la Luna, Venus y otros cuerpos celestes y fenómenos como la lluvia, cuyo representante es Chaac. Por otra parte, existían dioses tutelares de los distintos grupos sociales y especialistas, como Kukulcán, la Serpiente Emplumada, asociada a la clase dirigente, y Ek Chua, vinculado con los comerciantes y productores de cacao. Al morir, el individuo podía, dependiendo de sus méritos, ir a descansar eternamente en alguno de los cielos, bajo la frondosa sombra de la ceiba, o bien, padecer permanentemente los tormentos del hambre y el frío en el oscuro inframundo. Si era campesino, se le enterraba en los alrededores de la choza donde había fallecido; si era noble, se le incineraba y sus cenizas eran depositadas en urnas, dentro de bóvedas subterráneas. Si era un gobernante se le construía un templo piramidal como sepultura.

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