Cimacio

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Cimacio realizado a partir de un gran bloque de mármol, con sección troncopiramidal, que dada su planta cruciforme, habría cumplido su función; apoyado sobre el capitel de una columna de la cual surgían cuatro arcos. La estructura presenta un cuidadoso y detallado trabajo en relieve con bisel, conformando una retícula almohadillada de cuadrifolios en los frentes y un sogueado continúo en la moldura superior, culminando con un perfil recto. Unos gallones o estilizados pétalos cubren los laterales de los frentes: toda la superficie de esta pieza se halla ricamente esculpida.

En uno de los frentes se observa un cuadrúpedo que vuelve la testa hacia atrás, posiblemente un toro, dada su cornamenta. El animal se halla inscrito en un rectángulo en el centro del área compositiva. En dos paneles adyacentes, cuatro flores de lis que surgen de un botón conforman un cuadrilátero central. Este patrón decorativo, y el horror vacui que caracteriza a la pieza, se corresponde con el estilo desarrollado en la arquitectura visigoda durante los siglos VII y VIII d. C. Los visigodos, pueblo germánico oriental, se instalaron en la provincia romana de Hispania a principios del s. V. d. C., aunque no existe testimonio de su plástica en este territorio hasta avanzado el s. VI d. C. Sus manifestaciones muestran una clara influencia tardorromana y bizantina, puesto que convivieron con ambas culturas, especialmente en el uso de columnas y cimacios. Sobre los capiteles, generalmente corintios, situaban una pieza que permitía elevar la altura de las arcadas y obtener un alzado más estilizado, convirtiendo a los soportes casi en un elemento ornamental, pues los pesos de la estructura estaban sustentados en la sucesión de gruesos muros, bóvedas de aristas y cañón.

Tanto los capiteles como los cimacios visigodos estaban generalmente tallados a bisel o trépano, herramientas que permitían obtener un relieve muy plano, pero que ofrecía un rico juego de luces y sombras, intensificado por el uso de lámparas y candiles en los interiores de los edificios. La decoración de los soportes solía intercalar elementos geométricos y vegetales heredados del arte clásico: rosetas, hojas de acanto, meandros, cestería, etc., formando intrincados patrones entre los que incluían personajes zoomorfos con una clara simbología cristiana. A modo de ejemplo, citamos uno de los numerosos cimacios conservados en el Museo Nacional de Arte Romano decorado con grandes lirios (MNAR CE27197) y las placas ornamentales halladas en Granada (CE02141) y Córdoba (CE003970), en donde se observa una cenefa cuadrangular de motivos vegetales que enmarcan aves. Asimismo, hallamos un patrón geométrico similar al del cimacio, de celosía rectilínea, en los pilares de la misma época (MNAR CE00479).

El toro, animal presente en toda la cuenca mediterránea y en el creciente fértil asiático, encarnaba la potencia, la fuerza, virilidad y fecundidad en las diversas culturas que florecieron en esta privilegiada geografía. Aunque en el cristianismo el toro o becerro se asoció al poder de las divinidades antiguas idólatras, también se convirtió en el símbolo de uno de los cuatro evangelistas, Lucas, por su naturaleza sacrificial que evocaría la muerte de Cristo. Por otra parte, los lirios o flor de lis, suelen hacer referencia a la pureza en el culto cristiano: es un símbolo mariano y uno de los atributos de san José, en cuyo bastón habrían florecido como señal de su castidad. Asimismo, era un motivo habitual en el arte tardorromano y visigodo, como se aprecia en la terracota hallada en Málaga (Museo de Málaga inv. A/CE02589). Por ello, es posible que este fragmento marmóreo hubiese formado parte de un conjunto eclesiástico, probablemente situado en la zona de crucero, puesto que tres de las caras adyacentes con motivos zoomorfos y vegetales decorarían la nave central, espacio de mayor jerarquía cultual, mientras que la otra daría a una de las naves laterales del templo.

BIBLIOGRAFÍA:

- Hispania Gothorum, San Ildefonso y el Reino visigodo de Toledo. 2007. p. 516.
- CRUZ VILLALÓN, M. Mérida visigoda. La escultura arquitectónica y litúrgica. Badajoz. 1985. p. 153.
- LOZA AZUAGA, M. L. “Tipología y catálogo de las placas cerámicas decoradas a molde de época tardorromana y visigda conservadas en el Museo de Málaga”. 1992. p. 255-256.
- PALOL SALELLAS, P. “La creación de la plástica ornamental hispanovisigoda del siglo VI”, Historia de España Menéndez Pidal, III. 1991. p. 339-353.
- SANTOS JENER, S. “Las artes en Córdoba durante la dominación de los pueblos germánicos”, BRAC 78. 1958. p. 5-50.

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