Colgante antropomorfo en concha spondylus

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Figura que destaca por sus grandes dimensiones, fue realizada en concha spondylus, y la teoría más plausible es que se tratase de la pieza central de un collar funerario. Sobre todo por las perforaciones en hombros y espalda para permitir la sujeción del mismo. Representa a una efigie masculina antropomorfa con el torso desnudo, únicamente se cubren las partes íntimas por un taparrabos, realizado mediante incisión. Los ojos están trabajados mediante la incisión y la boca presenta incrustaciones de nácar o madre perla. Las orejas están perforadas y lucen dos pendientes circulares. Cabe destacar el trabajo del peinado, cruzado en la parte superior de la cabeza y liso en su descenso por la espalda.

El artesano que produjo este objeto pudo adaptar la forma de la concha al propio cuerpo del personaje para que pareciera lo más real posible, utilizando así la variedad de colores propios del molusco para las distintas partes del cuerpo.

El spondylus es la concha de una ostra nativa fácilmente reconocible por sus espinas que se encuentra en las costas del océano Pacífico, cerca del ecuador. Su característica más notable es su color rojo anaranjado que hizo que se convirtiera en un material de gran valor, recogido y negociado por toda la antigua región de Mesoamérica. Se utilizaba habitualmente para la decoración de joyas de los personajes importantes de las sociedades, como confirma la presencia de este material en las tumbas de la clase gobernante.

El noroeste de México, donde se desarrolló la cultura Colima, entre el 200 a.C. y el 500 d.C., se caracteriza por una costa baja con múltiples accidentes naturales. Cada valle se constituye como un nicho ecológico independiente, donde prima el clima cálido y húmedo.

Se sabe poco acerca de sus modos de subsistencia, puesto que la mayoría de los datos provienen de colecciones particulares o de la excavación de cementerios y no de sitios habitacionales, que usualmente proveen este tipo de información. Gracias a una agricultura de regadío, fue posible sostener una población relativamente grande, que vivía en pequeñas aldeas y centros urbanos relativamente independientes.

Su cerámica muestra una gran diversidad de figuras y formas, pero una escasa variación técnica. La mayor parte de las piezas corresponde a una alfarería rojiza bruñida, a veces decorada con incisiones naranjas o blancas. Abundan las figuras modeladas, tales como objetos y animales, especialmente perros, vegetales y conchas marinas. Entre las representaciones humanas destacan las figuras de enanos y jorobados, que resultan ser mucho más frecuentes que otras representaciones, tales como las figuras femeninas. Muchas figuras se caracterizan por tener ojos con forma de “granos de café” y muestran con bastante detalle el tipo de atuendo de estas poblaciones. Sobre el trabajo de la piedra se conoce muy poco. Sólo se han encontrado escasas piezas tales como cabezas de mazas, pequeñas máscaras y figurillas. También trabajaron la cestería, el tejido y la metalurgia, material en que destacan piezas como agujas, hachas, cascabeles, narigueras y orejeras.

No se conoce mucho acerca de su orden social. Se supone que los chamanes o sacerdotes ocuparon los puestos más elevados de la jerarquía social. La existencia de figurillas de guerreros, por una parte, y de cautivos con las manos atadas, por otra, deja entrever la importancia ceremonial que tuvo la guerra en esta sociedad.

La gran mayoría de las piezas cerámicas que se han estudiado para este grupo cultural corresponden a ofrendas de tumbas de personajes de alta posición social. Para estos difuntos se realizaban complejas tumbas compuestas de un foso que, en algunos casos, llegaba a 30 m de profundidad, al fondo del cual se encontraban una o varias cámaras donde eran enterrados miembros de una misma familia. Junto con los cuerpos se depositaba una gran variedad de objetos a modo de ofrenda, donde destacan estatuillas de cerámica que representan hombres armados y cuyo fin sería resguardar simbólicamente la tumba. Muchas veces también se encuentran dentro del foso esculturas cerámicas de perros, que se supone serían representaciones de cánidos utilizados como emisarios de Xolotl, la divinidad de la muerte.

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