Dios Osiris

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Imponente imagen escultórica, realizada en bronce sólido a la cera perdida, de una de las deidades principales del panteón egipcio, el dios Osiris. Su efigie se encuentra erguida, en una posición un tanto rígida.

El Osiris está envuelto por un sudario que abraza perfectamente los contornos de su cuerpo, de proporciones esbeltas. De éste únicamente sobresalen sus manos, con el puño cerrado, situadas en el centro del pecho. Por los huecos en los dedos puede deducirse que sujetaría un cetro, realizado pieza a parte, quizás en el mismo bronce o en otro metal, como oro.

Sobre su cabeza luce su tocado más representativo, la corona Atef, compuesta por la corona Blanca del Alto Egipto, flanqueada por dos plumas de avestruz y con una cobra en la parte delantera de la corona, justo encima de la frente, mostrándose erguida que estaría igualmente realizada pieza aparte e insertada en el hueco cuadrado que puede verse. Sobre el pecho, alrededor del cuello, luce un gran collar usekh (el ancho).

Originalmente, la figura de Osiris estaba relacionada con la fecundidad de la tierra de Egipto, de la renovación de la vegetación y el mundo de los pastores, como lo demuestra el cetro Hekat (que reproduce el cayado de los pastores). Osiris encarna la tierra fértil y los campos de cultivo; además, se convirtió en el guardián del orden del universo y de los ciclos de la naturaleza.

El mito más famoso asociado a esta deidad, que está en relación con su muerte, es conocido por muchas versiones; Osiris es hijo de Geb (la tierra) y Nut (el cielo) y el esposo de Isis, el dios era sobre todo un faraón. Junto a con Isis, eran los soberanos de Egipto, quienes enseñaron a la humanidad la agricultura y la pesca (por parte de Osiris), y el tejido y la medicina (por parte de Isis). Celoso de su soberanía, su hermano Seth lo asesinó, cortó su cuerpo y lo esparció por todo el país. Sin embargo, Isis, su esposa y fiel viuda, encontró todos los fragmentos y volvió a montar el cuerpo de su marido, con la ayuda de su hermana Neftis y de Anubis, que embalsamó el cadáver. Después de darle vida por un breve instante, Isis fue fecundada por Osiris: esta unión dio como resultado el nacimiento de Horus, que, siguiendo los pasos de su padre, se convirtió en faraón. Y así, después de haber sobrevivido a la terrible experiencia de la muerte, Osiris triunfó gracias a la magia de su esposa y se convirtió en el gobernante del inframundo, que contenía las semillas de la vida y, al mismo tiempo, era el protector del difunto, a quien le prometía la vida después de la muerte.

Estas dos características estrechamente relacionadas que lo vinculan como dios de la fertilidad y divinidad funeraria fueron sin duda la base para el éxito del culto a Osiris en el mundo egipcio: desde el Imperio Nuevo en adelante se produjeron muchas estatuillas de Osiris que fueron depositadas en santuarios y ajuares funerarios.

Esta pieza ha sido realizada mediante la técnica de la cera perdida, procedimiento escultórico por el cual se realiza primeramente un molde elaborado a partir de un prototipo, tradicionalmente tallado en cera de abeja. El modelo previo se rodea de una gruesa capa de material blando que se solidifica, normalmente barro; una vez endurecido se coloca en el interior de un horno, el cual derrite la figura de cera, saliendo ésta por unos orificios creados exprofeso, y en su lugar se inyecta metal fundido que adopta la forma exacta del modelo. Para extraer la pieza final es necesario retirar el molde.

BIBLIOGRAFÍA:

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- Momias egipcias. El secreto de la vida eterna. Exposición. Fundación La Caixa. 2013.
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