Lucerna con forma de máscara de teatro

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Lucerna realizada en bronce a la cera perdida con el cuerpo de la propia lámpara en forma de cabeza de un actor con máscara de teatro, representando a la tragedia. Su rostro recuerda a la máscara masculina plasmada en el mosaico, del siglo II d.C., de las dos máscaras teatrales, conservado en el Musei Capitolini de Roma.

Hubo varias clases de máscaras; cómicas, trágicas y satíricas. Las primeras eran toscas, con los ojos bizcos, la boca torcida y las mejillas desvencijadas. Las trágicas eran notablemente más grandes, tenían la mirada furiosa, los cabellos erizados y las sienes o frente deformes. Y las satíricas eran más grotescas, representaban solamente figuras extravagantes y fantásticas como cíclopes, centauros, faunos y sátiros.

La boca de la máscara hace de orificio de alimentación, de debajo sobresale hacia delante el pico con el hueco circular para la mecha. A ambos lados de la boca hay dos orificios circulares pequeños que permitían la colocación de unas cadenas para colgar la lucerna. En la parte posterior de la cabeza puede percibirse un hueco cuadrado, en el que se insertaría el asa de la lámpara, realizada pieza aparte, hoy perdida.

Las lucernas, o antiguas lámparas, romanas eran pequeños utensilios, normalmente hechos de terracota, pero también se han encontrado en bronce, usados por los antiguos romanos y posteriormente por los visigodos para tener luz artificial. Eran alimentadas con aceite de oliva y tenían desde una a una docena de mechas. Algunas tenían asas, por lo que podían ser llevadas de una habitación a otra. También podían ser usadas por actores en las obras o por los participantes en actividades rituales, como sería en este caso, ya que está decorada con una máscara teatral.

Las lucernas contenían relieves con escenas eróticas, gladiadores, motivos mitológicos o patrones florales. Estas lámparas se hicieron muy populares, ya que tenían un bajo coste económico. Se fabricaron en masa en grandes cantidades, usando moldes en vez de técnicas artesanales.

La cultura teatral floreció en la Antigua Grecia entre 550 a.C y 220 a.C. Al parecer el teatro griego se originó en un espacio circular al aire libre, normalmente aprovechando las laderas de una montaña o pendiente, aprovechando así el terreno y facilitando la construcción de las gradas. Posteriormente, la cultura romana absorbería este elemento cultural para introducirlo en sus ciudades. Mediante el uso del arco de media punta, la construcción de teatros podía realizarse en pleno centro de la vida social, no era necesario desplazarlo a las laderas de las montañas.

La popularización y gran atractivo del teatro creó una serie de objetos artísticos con esta temática; comunes son las máscaras en terracota y piedra, esculpidas como elementos decorativos, varias esculturas, a pequeño formato, de actores, como en este caso, eran habituales, e incluso las liturgias y escenas teatrales eran representadas en mosaicos y frescos.

Las máscaras griegas para un uso teatral estaban hechas de lino endurecido y policromadas. Este material tan poco resistente no ha permitido conservar ninguna hasta la actualidad. Solamente puede imaginarse como serían a través de distintos modelos realizados en terracota, piedra y bronce. Tenían unos rasgos faciales muy marcados y exagerados para poder ser reconocidos a cierta distancia en los teatros, y ayudaban a amplificar la voz. Sin embargo, el papel más importante de la máscara era el de la transformación: un hombre común podría ir más allá de su verdadera identidad y convertirse en un héroe mitológico o un sátiro lujurioso, un viejo tonto o una mujer joven y bella, un dios o un esclavo. Con este disfraz podía decir y hacer cosas que no diría ni haría en la vida cotidiana, y podría presentar a la audiencia ideas y acciones ridículas, fantásticas, inspiradoras o incluso horribles o políticamente incorrectas.

En todo el mundo griego, las representaciones de las obras de teatro generalmente se relacionaban con la adoración del dios Dionisio. Es la idea de transformación la que está en la raíz de esta asociación. Aunque Dionisos es a menudo considerado simplemente como el dios del vino, es el poder transformador del vino lo que más lo caracteriza. Dionisio fue fundamentalmente el dios de la transformación: las uvas se convierten en vino, sobrias se emborracha, el ser humano se convierte en animal, el orden se convierte en caos.

Esta pieza ha sido realizada mediante la técnica de la cera perdida, procedimiento escultórico por el cual se realiza primeramente un molde elaborado a partir de un prototipo, tradicionalmente tallado en cera de abeja. El modelo previo se rodea de una gruesa capa de material blando que se solidifica, normalmente barro; una vez endurecido se coloca en el interior de un horno, el cual derrite la figura de cera, saliendo ésta por unos orificios creados exprofeso, y en su lugar se inyecta metal fundido que adopta la forma exacta del modelo. Para extraer la pieza final es necesario retirar el molde.

BIBLIOGRAFÍA:

- BIEBER M. The History of the Greek and Roman Theater. Princeton. 1961.
- HART, M. L. The Art of Ancient Greek Theater. The J. Paul Getty Museum. Los Angeles. 2010.

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