Oinochoe

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Vaso cerámico que por su forma puede ifentificarse como un oinochoe, con la boca trilobulada, del cual sobresale un mango curvado alto que desemboca en la parte posterior del recipiente. Como su propio nombre indica —oinos (vino) y choes (jarra)— servía para verter el vino, es por ello que siempre presenta un cuerpo amplio, un borde ancho con un asa vertical. La cabeza de la mujer, realizada a molde, funcionaba como el cuerpo y el pie del oinochoe.

La parte frontal del cuerpo del vaso tiene una escena pictórica enmarcada por un cuadrado de fondo rojo, con las figuras negras. Aparece representado un sátiro, en una posición que emula el movimiento; la pierna izquierda adelanta de la derecha que se queda atrás, con las rodillas flexionadas, los dos brazos estirados hacia adelante con las palmas de las manos abriertas, y la cabeza girada hacia atrás. Parece que esté corriendo persiguiendo a una ninfa, una actividad más que comuna de estos seres. El rostro, con gran detalle, permite ver las orejas puntiagudas y una barba espesa. De la parte posterior de la cabeza parece que salgan o confluyan cuatro ramilletes vegetales de hiedras u otra planta.

Los sátiros son criaturas masculinas que en la mitología griega acompañaban a Pan y Dioniso, vagando por bosques y montañas. Se les relaciona con el apetito sexual. Los pintores de vasos cerámicos solían representarlos junto a ninfas y ménades, a veces con erecciones perpetuas.

La técnica de las figuras negras se basa en el uso de un barniz transparente que, al cocerlo, adquiría una intensa y brillante tonalidad negra. Por lo tanto, los motivos eran invisibles antes de la cocción, debido a lo cual los pintores tenían que trabajar completamente de memoria, sin poder ver su trabajo previo. Una vez cocida la pieza, las zonas sin cubrir por el barniz permanecían con el tono rojizo de la arcilla, mientras que las vidriadas, las “pintadas”, adoptaban un color negro denso y brillante. La técnica de las figuras negras se introdujo en Corinto hacia el año 700 a.C., siendo adoptada por los artistas áticos en el periodo orientalizante (725 – 625 a.C.). Se iniciará entonces la gran serie de la cerámica de figuras negras, que tuvo su principal centro en Atenas y que se prolongará hasta comienzos del siglo V a.C.

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