Ushabti para el faraón Psusenes I

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Figura ushebti realizado en bronce sólido perteneciente a un faraón y procedente de su ajuar funerario. Va tocado con la peluca tripartita. De su mortaja momiforme que cubre todo el cuerpo, únicamente sobresalen las manos cruzadas sobre el pecho. Con éstas, sostiene dos azadas, remarcando la actividad agrícola que debía desarrollar en los campos de Osiris del Más Allá.

Sobre el cuerpo tiene un registro vertical de escritura jeroglífica. Esta inscripción horizontal se traduce: “El Osiris, rey Pasebajaenniut- meryamon (La estrella que aparece en la ciudad de Tebas, amado de Amón - Psusenes I)”

La utilización del bronce como material para la elaboración de ushebtis apareció a mediados de la XVIII dinastía, bajo el reinado de Tutmosis III, en el ajuar funerario de los personajes prominentes inhumados en la necrópolis de Saqqara. Esta técnica prosigue en los grandes personajes del Estado durante los reinados de Tutankamón y Horemheb, como el ejemplar de Hesmeref (Fundación Gulbekian en Lisboa, n.166). Posteriormente, se encuentran otros ejemplares para los faraones Ramsés II, únicamente uno, y para Ramsés III, cinco conocidos. Aun así, son escasos los ejemplos hallados durante la historia egipcia. El único faraón del cual se tiene constancia de que sus ushebtis se realizaron en bronce fue Psusenes I, así como los de su hermana y esposa, la reina Mutnedjmet y el general Wendjebwaendjed.

El faraón Psusenes vivió durante la XXI Dinastía, con un reinado largo de al menos cuarenta y un años, aunque se cree que fueron diez más.

El arqueólogo Pierre Montet descubrió en su tumba intacta en 1940 en la necrópolis real de Tanis, situada cerca del gran templo de Amón, en el Delta. Contenía una extraordinaria acumulación de vasijas en oro y plata, así como de joyería. Destaca la máscara funeraria del faraón realizada en oro macizo.

La tumba también contenía los restos de su esposa y reina, Mutnedjmet, que fue reutilizado más adelante por su sucesor Amenemope, con un numeroso tesoro, aunque menos opulento. También descubrió los cuerpos de su hijo Ankhfenmut y la del general de sus arqueros, y gran dignatario Wendjebwaendjed, que tuvo el privilegio de haberse enterrado junto a su soberano. La tumba del faraón Osorkón II también fue descubierta en el mismo complejo.

Este es el descubrimiento más importante de las tumbas reales intactas después de la de Tutankamón.

El Más Allá egipcio se entendía como un espejo del mundo real, donde también tenían su lugar el bien y el mal. Los injustos y malvados eran castigados para toda la eternidad, mientras que los rectos disfrutaban de una cómoda existencia viajando con el dios solar. Aun así, los difuntos bienaventurados también estaban obligados a cumplir con las necesidades y responsabilidades humanas, del mismo modo que lo estuvieron en vida; tener qué comer y qué beber en el Más Allá era una preocupación constante. En el Reino de los Muertos, en donde, como miembros de una sociedad jerarquizada y gobernada por los dioses, todos los difuntos —hombres y mujeres, señores y sirvientes, reyes y reinas— estaban obligados a faenar en los Campos de Iaru. Tenían que estar dispuestos a cultivar, sembrar y recoger la cosecha.

En la vida terrenal estas tareas básicas de producción eran realizadas por los pertenecientes a los niveles más bajos de la sociedad. Para evitar este destino, los egipcios buscaron una solución mágica: se hacían fabricar una o más figuras de ellos mismos para presentarlas cuando los emisarios del dios reinante Osiris les reclamasen a cumplir sus obligaciones. Así, estas estatuillas, incorporadas en el ajuar funerario de la tumba, eran imágenes que representaban tanto al amo como al sirviente.

Son conocidas con el nombre de ushebtis, siendo el vocablo inicial sabty o shabty, un derivado de Sawab, cuyo significado corresponde a la palabra griega «persea», un árbol sagrado con el que los antiguos egipcios comenzaron a elaborar estas efigies funerarias. Es hacia el Tercer Período Intermedio, en la dinastía XXI, alrededor del 1.080 a.C. cuando comienza a usarse el vocablo wsbty, es decir: «ushebty». Es a partir de entonces cuando «ushebti» deriva del verbo wsb, «responder», cuyo significado es «el que responde».

Los ushebtis se incorporaron en las sepulturas del antiguo Egipto a partir del Primer Período Intermedio. Su uso aumentó durante el Reino Medio, momento en que los egipcios comienzan a escribir en los Textos de los Sarcófagos una fórmula, la 472, para que los ushebtis respondieran al llamado: «El Justificado N., dice, ¡Oh tú shabty, que has sido hecho para N, si N es llamado para sus tareas, o si un trabajo desagradable fuera impuesto a N como a cualquier hombre en su trabajo, dirás aquí estoy yo. Si N es llamado para vigilar a los que trabajan allí, volviendo sobre los nuevos campos para roturar la tierra, o para transportar en barco la arena del Este al Oeste, dirás aquí estoy yo. El Justificado N». Esta fórmula pasa a escribirse sobre los ushebtis, así, en la mayoría de los casos, aparecen grabados. A partir del Imperio Nuevo se introdujeron un gran número de innovaciones y empezaron a proliferar los ejemplos con textos, unos textos algo más amplios, contemplados en el capítulo VI del Libro de los Muertos. Aun así, en muchos casos el texto indica únicamente el nombre del difunto, o una fórmula básica, con el nombre de un familiar o los cargos más importantes que ostentó.

Los ushebtis se fabricaron en cera, sobretodo en el inicio, posteriormente en madera, y ya hacia finales del Imperio Medio apareció la piedra, y desde el Imperio Nuevo el material por excelencia sería la fayenza. Se sabe que eran producidos en serie gracias a la conservación de moldes y a que en algunos casos los textos grabados estaban inacabados, pues faltaba el nombre del propietario. Su forma más popular era la de momia, hasta la introducción, hacia finales de la XVIII dinastía, de figuras decoradas con vestidos de vida cotidiana. Muchas portaban herramientas para trabajar la tierra, como un canasto, un pico o una azada, como referencia a la tarea que se esperaba que desarrollasen en el Más Allá en representación de sus amos. La iconografía, textos, materiales, colores y su situación en la tumba pueden sugerir otros significados simbólicos.

Algunas veces se les ponían dentro de cajas de madera, las cuales podían ser ostentosas en cuanto a su decoración o ser muy sencillas. En el Imperio Nuevo llegaron a ser colocadas en miniaturas de sarcófagos.

Mientras en su inicio fueron considerados como réplicas del extinto, en el Imperio Nuevo y posteriormente, llegaron a ser vistos como siervos o una especie de esclavos del inanimado, por lo que se elaboraron grandes cantidades. En un principio se confeccionaba un ushebti para el difunto, no obstante, con el transcurrir las diferentes dinastías, llegaron a fabricarse grandes cantidades de estas estatuillas para el fallecido, formados por hombres y mujeres, incluyendo especialistas en diferentes actividades, quienes en oportunidades estaban dirigidos por capataces que lograban diferenciarse por el uso de un faldellín. Tal es el caso del faraón Tutankamón quien tenía a su disposición trescientos sesenta y cinco ushebtis, uno por cada día del año; treinta y seis capataces, uno por cada cuadrilla de diez obreros, y doce jefes de mes, uno por cada mes del año. Esto hacía un total de cuatrocientos trece servidores en el Más Allá. Tal era el temor por realizar estas acciones exigidas por Osiris que en algunos entierros llegaron a incluirse ushebtis que actuaban como «suplentes» de los principales.

Es lógico pensar que ningún faraón deseaba ejecutar con sus manos este tipo de tarea, por lo que en el momento requerido leía la leyenda escrita sobre el cuerpo del ushebti y éste adquiría vida para responder al llamado, sustituyéndolo en las labores.

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