Ushebti para el sacerdote y escriba del templo de Ptah, Neferka

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Figura ushebti realizada en fayenza de color turquesa. Va tocado con la peluca tripartia. De su mortaja momiforme que cubre todo el cuerpo, únicamente sobresalen las manos cruzadas sobre el pecho. Con éstas, sostiene dos azadas y un cesto de trabajo, remarcando la actividad agrícola que debía desarrollar en los campos de Osiris del Más Allá.

Sobre su cuerpo presenta una sucesión de nueve líneas horizontales con el nombre del propietario, Neferka, sacerdote y escriba del templo de Ptah, hijo de la dama Isis. Este personaje es conocido en Egipto, sus ushebtis son de los ejemplares más bellos que se conservan.

Este tipo de ushabtis se modelaban partiendo de un original bivalvo. Luego se eliminaba la rebaba de la junta, y cuando la pasta estaba todavía húmeda se retocaban los detalles de la imagen y se distribuían los registros sobre los que se gravaban los signos de la escritura. Esto hace que cada ushabti sea único, aun usando un mismo molde.

Este material usado para su creación es la fayenza, compuesta por arena fina cementada por un silicato de sosa (carbonato y bicarbonato de sodio, extraído del Natrum). Cocida en una atmósfera oxidante de 950º, la mezcla ofrecía un acabado esmaltado, ya que los carbonatos formaban una capa vítrea en la superficie. Era un procedimiento simple y por tanto un material poco costoso. Los tonos verdes y azules se conseguían por el añadido de unos gramos de óxido de cobre, extraídos de la malaquita o azurita. Los tonos rojos eran conseguidos con óxido de hierro, los azules intensos con cobalto, el negro mezclando óxido de hierro y de magnesio con agua. Bastaba pintar con un pincel antes de la cocción los detalles que se quisieran conseguir con otro color.

El Más Allá egipcio se entendía como un espejo del mundo real, donde también tenían su lugar el bien y el mal. Los injustos y malvados eran castigados para toda la eternidad, mientras que los rectos disfrutaban de una cómoda existencia viajando con el dios solar. Aun así, los difuntos bienaventurados también estaban obligados a cumplir con las necesidades y responsabilidades humanas, del mismo modo que lo estuvieron en vida; tener qué comer y qué beber en el Más Allá era una preocupación constante. En el Reino de los Muertos, en donde, como miembros de una sociedad jerarquizada y gobernada por los dioses, todos los difuntos —hombres y mujeres, señores y sirvientes, reyes y reinas— estaban obligados a faenar en los Campos de Iaru. Tenían que estar dispuestos a cultivar, sembrar y recoger la cosecha.

En la vida terrenal estas tareas básicas de producción eran realizadas por los pertenecientes a los niveles más bajos de la sociedad. Para evitar este destino, los egipcios buscaron una solución mágica: se hacían fabricar una o más figuras de ellos mismos para presentarlas cuando los emisarios del dios reinante Osiris les reclamasen a cumplir sus obligaciones. Así, estas estatuillas, incorporadas en el ajuar funerario de la tumba, eran imágenes que representaban tanto al amo como al sirviente.

Son conocidas con el nombre de ushabtis, siendo el vocablo inicial sabty o shabty, un derivado de Sawab, cuyo significado corresponde a la palabra griega «persea», un árbol sagrado con el que los antiguos egipcios comenzaron a elaborar estas efigies funerarias. Es hacia el Tercer Período Intermedio, en la dinastía XXI, alrededor del 1.080 a.C. cuando comienza a usarse el vocablo wsbty, es decir: «ushebty». Es a partir de entonces cuando «ushabti» deriva del verbo wsb, «responder», cuyo significado es «el que responde».

Los ushabtis se incorporaron en las sepulturas del antiguo Egipto a partir del Primer Período Intermedio. Su uso aumentó durante el Reino Medio, momento en que los egipcios comienzan a escribir en los Textos de los Sarcófagos una fórmula, la 472, para que los ushabtis respondieran al llamado: «El Justificado N., dice, ¡Oh tú ushabty, que has sido hecho para N, si N es llamado para sus tareas, o si un trabajo desagradable fuera impuesto a N como a cualquier hombre en su trabajo, dirás aquí estoy yo. Si N es llamado para vigilar a los que trabajan allí, volviendo sobre los nuevos campos para roturar la tierra, o para transportar en barco la arena del Este al Oeste, dirás aquí estoy yo. El Justificado N». Esta fórmula pasa a escribirse sobre los ushabtis, así, en la mayoría de los casos, aparecen grabados. A partir del Imperio Nuevo se introdujeron un gran número de innovaciones y empezaron a proliferar los ejemplos con textos, unos textos algo más amplios, contemplados en el capítulo VI del Libro de los Muertos. Aun así, en muchos casos el texto indica únicamente el nombre del difunto, o una fórmula básica, con el nombre de un familiar o los cargos más importantes que ostentó.

Los ushabtis se fabricaron en cera, sobretodo en el inicio, posteriormente en madera, y ya hacia finales del Imperio Medio apareció la piedra, y desde el Imperio Nuevo el material por excelencia sería la fayenza. Se sabe que eran producidos en serie gracias a la conservación de moldes y a que en algunos casos los textos grabados estaban inacabados, pues faltaba el nombre del propietario. Su forma más popular era la de momia, hasta la introducción, hacia finales de la XVIII dinastía, de figuras decoradas con vestidos de vida cotidiana. Muchas portaban herramientas para trabajar la tierra, como un canasto, un pico o una azada, como referencia a la tarea que se esperaba que desarrollasen en el Más Allá en representación de sus amos. La iconografía, textos, materiales, colores y su situación en la tumba pueden sugerir otros significados simbólicos.

Algunas veces se les ponían dentro de cajas de madera, las cuales podían ser ostentosas en cuanto a su decoración o ser muy sencillas. En el Imperio Nuevo llegaron a ser colocadas en miniaturas de sarcófagos.

Mientras en su inicio fueron considerados como réplicas del extinto, en el Imperio Nuevo y posteriormente, llegaron a ser vistos como siervos o una especie de esclavos del inanimado, por lo que se elaboraron grandes cantidades. En un principio se confeccionaba un ushabti para el difunto, no obstante, con el transcurrir las diferentes dinastías, llegaron a fabricarse grandes cantidades de estas estatuillas para el fallecido, formados por hombres y mujeres, incluyendo especialistas en diferentes actividades, quienes en oportunidades estaban dirigidos por capataces que lograban diferenciarse por el uso de un faldellín. Tal es el caso del faraón Tutankamón quien tenía a su disposición trescientos sesenta y cinco ushabtis, uno por cada día del año; treinta y seis capataces, uno por cada cuadrilla de diez obreros, y doce jefes de mes, uno por cada mes del año. Esto hacía un total de cuatrocientos trece servidores en el Más Allá. Tal era el temor por realizar estas acciones exigidas por Osiris que en algunos entierros llegaron a incluirse ushabtis que actuaban como «suplentes» de los principales.

Es lógico pensar que ningún faraón deseaba ejecutar con sus manos este tipo de tarea, por lo que en el momento requerido leía la leyenda escrita sobre el cuerpo del ushabti y éste adquiría vida para responder al llamado, sustituyéndolo en las labores.

PARALELOS:

- Sotheby's New York. The Breitbart Collection of Antiquities and Ancient Glass. 20 de Junio de 1990. Lote 21.
- Sotheby's, New York. Antiquities. 12 de Junio de 1993. Lotes 66 y 67.
- Sotheby’s New York. Antiquities including Property from the Collection of the Earl of Elgin and Kincardine, and Property from the Collection of Denys Sutton. 6 de Diciembre de 2012. Lote 50.

BIBLIOGRAFÍA:

- AUBERT, J.-F. y L. Statuettes égyptiennes: chaouabtis, ouchebtis. Paris. 1974. pp. 254, 275, y 282.

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