Anforiscos en forma de almendra

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Este vaso en forma de ánfora presenta dos asas unidas al cuello y al hombro, se conoce como anforiscos. El cuerpo del recipiente imita fielmente la cáscara de una almendra, con su fondo puntiagudo y su superficie rugosa, haciendo pequeñas abolladuras en la arcilla cruda antes de la cocción de la cerámica. Un recipiente como este habría contenido aceite de almendras perfumado y presumiblemente habría actuado como una ofrenda votiva bastante lujosa. Los vasos en forma de almendras aparecieron alrededor del año 400 a.C., y aparentemente se dejaron de producir un siglo después. La forma más común de vaso de almendras fue la de un anforiscos, como el presente ejemplo, sin embargo, hay excepciones. Se han encontrado moldes para este tipo de recipientes en excavaciones en el Ágora de Atenas. La calidad metálica del esmalte y el color rojo de la arcilla, también apuntan a una producción de este vaso en un taller ateniense.

La cerámica de figuras rojas fue uno de los más importantes estilos figurativos de la producción griega. Se desarrolló en Atenas hacia el año 530 a.C., y fue utilizada hasta el siglo III a.C. Reemplazó al estilo previo predominante de la cerámica de figuras negras al cabo de unas décadas. La base técnica era la misma en ambos casos, pero en las figuras rojas se invierte el colorido, quedando las figuras resaltadas sobre un fondo oscuro, como si estuvieran iluminadas por una luz teatral, siguiendo un esquema más natural. Los pintores que trabajaban las figuras negras se veían forzados a mantener los motivos bien separados unos de otros y a limitar la complejidad de la ilustración. En cambio, la técnica de figuras rojas permitió una mayor libertad. Cada figura se silueteaba contra un fondo negro, permitiendo que los pintores retrataran los detalles anatómicos con más exactitud y variedad.

La técnica consistía en pintar los motivos sobre la pieza aún húmeda, utilizando un barniz transparente que, al cocerlo, adquiría una intensa tonalidad negra. Por lo tanto, los motivos eran invisibles antes de la cocción, debido a lo cual los pintores tenían que trabajar completamente de memoria, sin poder ver su trabajo previo. Una vez cocida la pieza, las zonas sin cubrir por el barniz permanecían con el tono rojizo de la arcilla, mientras que las vidriadas, las “pintadas”, adoptaban un color negro denso y brillante.

BIBLIOGRAFÍA:

- COHEN, Beth. The Colours of Clay: Special Techniques in Athenian Vases. Malibu. 2006. p. 288, no. 88.
- REEFER, E. Figurine Vases from the Athenian Agora. Hesperia 47, issue 4. pp. 357 - 401.

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