Cabeza de un infante

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Cabeza perteneciente a una escultura completa y exenta de una niña. Un rostro claramente infantil, con unos mofletes abultados, se decora únicamente por una cinta que recoge el cabello rizado a modo de mechones ondulados. Cabe destacar el esbozo de una sonrisa sutil y una cierta mirada graciosa.

Es probable que esta cabeza formase una escultura completa de una niña que actuaba como exvoto. Su paralelo más directo, tanto por su tamaño como por su peculiar estilo, son las esculturas de niñas halladas en el Templo de Artemisa de Braurón, hoy conservadas en su museo arqueológico.

Braurón era una de las doce ciudades que el mítico rey Cécrope estableció en el Ática y que más tarde fueron unidas por Teseo en la ciudad de Atenas. Según la leyenda, Ifigenia dejó en el santuario de Braurón, donde llegó para ejercer de sacerdotisa, la estatua de madera de Artemisa que había traído de Táurica. Según una tradición local, fue en Braurón donde Ifigenia iba a ser sacrificada pero antes de ello fue reemplazada por una osa o un toro por obra de Artemisa.

Era una ciudad famosa por su santuario dedicado a la diosa Artemisa, fundado en el siglo IX u VIII a.C., las excavaciones revelaron lugares de culto como una caverna; la tumba de Ifigenia, con un aspecto de una gruta, junto a ella un pequeño santuario, un heroon donde se rendía culto a Ifigenia recibiendo como ofrenda la ropa de las mujeres que morían durante el parto. Otros edificios del santuario eran un templo, un partenón, un gimnasio, un amphipoleion (vivienda de los sacerdotes), una palestra, establos y un importante manantial sagrado. Posteriormente, en el siglo III a.C. el río Erasinos lo cubrió por completo permitiendo su conservación, pues estaba situado en su desembocadura.

Uno de los descubrimientos más interesantes del culto de Artemisa Brauronia, es que estaba dedicado a las mujeres. La diosa doncella Artemisa protegía a los recién nacidos y a las mujeres jóvenes durante el parto, el momento más importante de su vida, pues las tasas de mortalidad por parto fueron bastante altas tanto para los bebés como para las madres.

El edificio más grande del santuario era la «stoa de las Arktoi» o «sala de las osas», contaba con un total de nueve habitaciones y cada una albergaba once camas de madera y siete mesas. Se ha sugerido que la función era de dormitorio de las muchachas o quizá de refectorio donde se celebraban banquetes colectivos. Delante de las habitaciones se han hallado numerosas estatuas de niñas y niños, que datan de la segunda mitad del siglo IV a.C., indican que en este momento Artemisa aparece principalmente como una diosa del trabajo y protectora de los niños.

Los padres dedicaron estas estatuillas de niños y niñas pequeños probablemente como ofrendas de agradecimiento por un parto exitoso o por la recuperación de los niños de una enfermedad. El objetivo de esta dedicación era poner a los niños bajo la supervisión y protección constante de la diosa. En estas esculturas pueden verse a los infantes con sus ropas cotidianas, un quitón o un himatión, sosteniendo en sus manos un animal, un conejo o un cachorro, un pájaro o un objeto, posiblemente uno de sus juguetes favoritos.

Se conocen algunos detalles de los ritos y festividades que se celebraban en el santuario mediante algunas fuentes literarias y también por representaciones que se encuentran en la cerámica así como en los frisos con relieves en mármol conservados. Las chicas de entre 5 y 10 años pasaban algún tiempo en el santuario de Braurón, se ejercitaban en la danza, en la carrera pedestre y en el arte de tejer, a fin de estar mejor preparadas para su vida de adultas, así pues además de un centro religioso era un lugar de educación.

Asistían a las festividades de las «Brauronias», de carácter estrictamente femenino, que se celebraban cada cuatro o cinco años. Esta festividad debía iniciarse con una gran procesión, que partía del Brauronión (santuario de Artemisa Brauronia) situado en la Acrópolis de Atenas. Las muchachas debían pasar por un rito, en honor de Artemisa, llamado «arktéia» que servía como transición entre la infancia y la vida adulta: para expiar la muerte de una osa domesticada que estaba consagrada a la divinidad, las chicas iban vestidas con túnicas de color azafrán, se las denominaba osas («arktos») e imitaban los gestos de dicho animal. Las vírgenes no podían ser dadas en matrimonio si no habían servido antes como osa a la diosa.

Debido a algunos testimonios iconográficos donde aparecen representadas muchachas corriendo, se ha supuesto que uno de los rituales que se practicaban en el santuario podría haber consistido en una carrera donde el hecho de ir vestidas con un quitón o desnudas indicaba diferentes etapas de iniciación en que se hallaban las vírgenes, o que en un momento dado del rito las muchachas dejaban caer su vestimenta o tal vez se trataba en un juego de persecución en el que una muchacha hacía el papel de osa y otra hacía de víctima.

PARALELOS:

- Esculturas de niños. Museo Arqueológico de Braurón, Grecia.
- Christie’s. Antiquities. New York. Sale 1314. 11 de Diciembre de 2003. Lote 159. Ver enlace

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