Colgante en forma de hacha con la imagen de un dios

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En el contexto del arte y la arqueología precolombina, el jade es un término genérico que se refiere a cualquier variedad de piedra dura y densa que fueron trabajadas con gran habilidad por artistas nativos. Aunque generalmente se piensa que el jade es verde, en realidad abarca una amplia gama de tonalidades. La talla de jade se produjo en la antigua Costa Rica durante más de mil años, aproximadamente desde 500 a.C. hasta el año 900 d. C., aunque el período de mayor logro artístico duró del 300 al 700 d. C. Se cree que el trabajo con jade comenzó durante un período prolongado de abundancia agrícola que permitió a la sociedad dedicar parte de sus energías al florecimiento de actividades artísticas.

Las poblaciones antiguas de Costa Rica consideraban que el jade era un material sagrado, aún más que el oro. Simboliza esa fuerza vital que nos sostiene a todos. El color verde se asocia naturalmente con la vida vegetal. Específicamente, simbolizaba la floración de la planta de maíz, el alimento básico de la dieta de la mayoría de las culturas precolombinas.

Hasta la fecha, no se han descubierto vetas de jade en Costa Rica, lo que sugiere que existía una red comercial extensa que importó este precioso recurso de Mesoamérica a Costa Rica, donde fue tallado por artistas locales. Tal comercio también habría traído una gran riqueza y probablemente habría reforzado la estratificación social de los pueblos. El jade puede haber servido para distinguir a la élite de las masas y solidificar su control del poder. Los antiguos costarricenses creen que el sistema de jerarquía social también se extendió al más allá. Por lo tanto, los objetos de jade fueron enterrados con la élite para que su poder pudiera mantenerse durante toda la eternidad.

El diseño antropomorfo de esta hacha, de uso ritual más que real, representa a una deidad. Este tipo de colgantes fueron venerados como una imagen de culto principalmente en la región de Guanacaste y en partes de la cuenca del Atlántico. Probablemente deriva de las hachas antropomorfas olmecas, asociadas con la tierra, la lluvia y los rayos. Las hachas de piedra también tuvieron una larga historia en México. El hacha generalmente está hecha de una piedra dura y verde, ya sea jade o jadeíta, se cree que fue importada en su estado bruto de Guatemala. Debido a la dureza de la piedra, debía de poseerse una gran habilidad para tallar cada pieza.

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