Colgante en forma de máscara

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Los olmecas sobresalieron en la creación de finas esculturas de piedra verde. La cualidad casi parecida a la carne de la nariz y los labios abiertos contrarrestan la dureza de la piedra con la que se hizo pequeña máscara. Aunque se ha representado en un estilo naturalista, la cara en sí no es completamente humana. Más bien, es un compuesto idealizado que alude a lo sobrenatural: los ojos con forma de almendra, con orificio circular profundo, la boca ligeramente hacia abajo, con el labio superior extremadamente grueso, y la nariz ancha y prominente son rasgos que se encuentran comúnmente en las representaciones de seres olmecas del otro mundo. La máscara también presenta incisiones ligeras en ambas mejillas. Estas marcas superficiales posiblemente se hicieron a través de arañazos repetidos. El uso de perforación también es evidente en la máscara, particularmente en las comisuras de la boca y los ojos. Presenta dos orificios en las orejas, que en realidad permitían la sujeción de pendientes, pero que al tratarse de una obra de escasas dimensiones, hay que considerarlos como una finalización de la máscara por efecto estético. Presenta un orificio en la parte superior trasera de la cabeza para poder ser colgado en un collar compuesto de otras cuentas de piedra en, posiblemente, diversos tonos de verde – azul.

Desde mediados del siglo XI a.C. hasta la conquista española en el siglo XVI, las piedras de color verde y azul (ampliamente llamadas piedra verde o "chalchihuitl" en náhuatl) eran apreciadas en toda Mesoamérica por su brillo y translucidez excepcionales. Además, se pensaba que tenía la cualidad de retener el agua, siendo capaz de emitir vapor que estimulaba el crecimiento y el sustento de la vegetación circundante. Pues el color de las piedras estaba relacionado con el del agua, vinculando estrechamente la piedra verde con las nociones de fertilidad, abundancia y propiedades que dan vida.

Los olmecas valoraron especialmente el color azulado de la jadeíta para la fabricación de máscaras de tamaño real así como multitud de cuentas de joyería. La jadeita, una rara variedad de piedra verde, se produce naturalmente en muy pocos lugares del mundo. El material para esta máscara probablemente se originó en el valle del río Motagua en la actual Guatemala, la única fuente conocida de jadeíta en la antigua Mesoamérica. Algunas de las primeras jadeitas obtenidas de la región pueden haber sido cantos rodados o cantos rodados, en lugar de piedra extraída.

La jadeita es una roca extremadamente densa con un valor de dureza relativa equivalente o incluso mayor que el del acero. Los artistas en Mesoamérica generalmente usaron una combinación de percusión y corte, usando implementos líticos como cuchillas de sílex, para aproximar el tamaño de la jadeíta, después de lo cual molieron la superficie de la piedra con otras rocas gruesas durante muchas horas para lograr la forma deseada.

Prosperando entre los años 1200 y 400 a. C. la cultura Olmeca se desarrolló en los estados mexicanos de Veracruz y Tabasco, territorio delimitado por el Golfo de México y las serranías del sur de dicho país. Esta zona se caracteriza por ser muy húmeda, con ríos, lagunas y grandes extensiones de pantanos. Sobre ella impera una frondosa selva tropical, poblada de animales como los jaguares, tapires, jabalíes y monos. En su momento de esplendor, la influencia de esta cultura se extendió acaso toda Mesoamérica.

Se ha caracterizado a Olmeca como una cultura con muchas vinculaciones costeras. Se piensa que su alimentación debió consistir en alimentos marinos, como tortugas, peces, rayas y mariscos. A la vez la selva proveía de variados frutos silvestres que posiblemente eran recolectados para el consumo. No obstante, la agricultura era la base de su alimentación, en la cual el maíz, los porotos y las calabazas eran los productos más comunes. Para sembrar, utilizaban el sistema de tala y roza, que permitía un aprovechamiento del suelo fértil de la selva.

Una de las manifestaciones artísticas Olmeca más conocida es la estatuaria en piedra. Destacan por sobre todo las monumentales cabezas de piedra y las figuras de cerámica conocidas como “baby face” (rostros de bebés). Ambos tipos de obras demuestra gran maestría, además de dejar establecidos ciertos puntos claves en el estilo de arte que caracteriza a esta cultura: combinación de líneas sinuosas y rectas, rostros de ojos rasgados y almendrados con narices planas y nostriles abiertos. En algunos casos las bocas presentan deformaciones similares al “labio leporino” o adquieren características felinas, como el de un hocico de jaguar. Las técnicas de acabado de las cerámicas más utilizadas fueron el pulido, el bajo y sobrerrelieve o el inciso, que muchas veces se destacaba con pigmentos rojos o blancos. Alcanzaron también notable maestría en la pintura mural que adorna las paredes de algunas construcciones, probablemente de uso ritual. Las figuras, principalmente representaciones humanas, eran dibujadas con el rostro de perfil y el cuerpo de frente, muchas veces sosteniendo objetos en sus manos y rodeadas de símbolos de todo tipo.

La religión Olmeca adoraba a los ancestros, a ciertos elementos naturales, como el sol o la lluvia y a diversos animales. Entre estos últimos destacan especialmente la serpiente y el jaguar. El culto al jaguar se aprecia fuertemente en las representaciones de figuras humanas con rasgos felínicos. El sacrificio humano era una práctica común en los rituales. Aparentemente se basaban en una visión cíclica de los procesos de la vida en que era necesario destruir algo para crear otra cosa nueva. Se han encontrado pocas tumbas Olmecas que son esencialmente de personajes muy importantes. Se caracterizan por poseer fastuosas ofrendas de jade finamente tallado y máscaras de serpentina.

Las características de los rasgos faciales de las figuras de piedra, ciertos estilos decorativos y hasta algunos símbolos e ideogramas han llevado a pensar en un posible origen asiático de los Olmeca. No obstante la mayoría de los investigadores piensan en orígenes desde poblaciones cercanas de las tierras altas de Oaxaca, del estado de Morelos, del sur de Veracruz o del norte de Tabasco. La influencia Olmeca es posible observarla en casi toda Mesoamérica, especialmente en sociedades que habitaron en el mismo período, lo que implica un fluido intercambio tanto de recursos como de conceptos estéticos. Olmeca fue, sin duda, la cultura de mayor influencia en todo el desarrollo cultural de Mesoamérica, ya que sentó bases tanto estéticas como ideológicas que fueron utilizadas y reutilizadas por las distintas sociedades posteriores, incluso hasta tiempos hispánicos.

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