Escultura de Meleagro

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Escultura en bulto redondo exenta esculpida en un fino y translúcido mármol de un personaje masculino junto a un perro. Se identifica con el héroe griego Meleagro. El conjunto escultórico se inspira en un original griego atribuido a Scopas, datado del silo IV a.C., que se conserva en Museo Pio-Clementino de Roma. Scopas (h. 380–330 a. C.), junto a Lisipo y Praxíteles, forman los tres grandes escultores representativos de la segunda fase del clasicismo. Escultor y arquitecto clásico griego del siglo IV a.C. nació en la isla de Paros, en donde trabajó con el mármol de sus famosas canteras.

La figura del héroe se presenta desnuda, permitiendo ver la anatomía de un joven semi-musculado, con oposición armónica del mismo en contrapsoto, apoyando la cadera a un tronco de árbol (a modo de pilastra) en el lado izquierdo. Debajo de ésta, aparece un can mirando hacia el rostro de Meleagro. El único elemento decorativo es un ropaje que desciende desde los hombros, atraviesa el pecho, y sujeta con el antebrazo izquierdo, del que colgaría. Se trata de una clámide, una prenda de vestir ligera, hecha de lana, que llevaban a modo de capa los soldados de caballería y efebos griegos entre los siglos V y III a.C. Destaca una fíbula o sujeción en el hombro derecho. Probablemente estaba armado con una lanza o un arco, emulando la imagen de un cazador victorioso. Toda la escena reposa en una base arquitectónica compuesta por un arquitrabe rectangular, con dos decoraciones enroscadas.

Dada las dimensiones del fragmento cabe pensar, sin lugar a dudas, que formaría parte de un sarcófago importante, de grandes dimensiones decorado al menos por el frontal y los dos laterales siguiendo los esquemas clásicos, y con la imagen de esta figura como elemento central, o con todo el frontal cubierto por una escena mitológica, que tiene como protagionista al hombre representado en este fragmento.

Meleagro:

Meleagro era hijo del rey de Calidón, llamado Eneo, y Altea, fue un legendario cazador y poderoso guerrero. Cuando tenía tan sólo días de vida, las Moiras lo visitaron y le dijeron a su madre que el pequeño moriría, sólo y exclusivamente, cuando se consumiera el tizón de leña que ardía en el hogar. Por lo tanto, Meleagro era invulnerable. Su madre Altea no dudo en sacar del fuego aquel tizón y guardarlo en un lugar seguro.

Meleagro creció y se convirtió en un hombre fuerte y atractivo. Cuando su padre, el rey Eneo, ofreció las ofrendas a los dioses, se olvidó de la diosa Artemisa, y ésta, como castigo, envió a Calidón un enorme y fuerte jabalí para destruir las tierras, las cosechas, los ganados y a cualquiera que intentara detenerlo. Ante la devastación que causaba, Eneo organizó una cacería épica, en la que participaron calidonos y curetes (habitantes de Pelurón), y grandes héroes mitológicos, como muchos argonautas y la gran cazadora Atalanta, de quien Meleagro se enamoró.

Los liderados por Cefeo y Anceo, se negaron a ir de caza con una mujer, hasta que Meleagro les convenció. Finalmente fue la propia Atalanta quien herió al jabalí con una flecha, y Meleagro quien lo remató y se le ofreció la piel a ella como premio.

Se dice que los tíos de Meleagro, que eran curetes, no aceptaron que una mujer se llevase el premio y se lo arrebataron, declarando que era de ellos por derecho de nacimiento. Esto provocó un enfrentamiento entre ambos pueblos. Meleagro mató a sus tíos y su madre Altea le puso fin a la vida de su hijo echando el tizón de leña al fuego hasta que se consumió. Tras su muerte, Altea y Cleopatra, esposa del héroe, se suicidaron. Las hermanas de Meleagro, sumergidas en una amargura sin fin por el trágico final, fueron transformadas en aves por una conmovida Artemisa.

El poeta Homero cuenta que cuando comenzó el conflicto, Meleagro se negó a luchar y esto le dio ventaja a los curetes, que sitiaron Calidón. Su esposa Cleopatra fue quien le suplicó que ayudara a su pueblo y luchara por éste. Meleagro aceptó y logró vencerlos. En esta versión no está muy claro cómo fue su muerte, en combate, en manos de Apolo que luchaba a favor de los curetes o bien tras quemar su madre Altea el tizón al saber que su hijo había matado a sus tíos.

BIBLIOGRAFÍA:

- Reinach, Salomon. Répertoire de la statuaire Grecque et romaine. Tome II. Ernest Leroux. Paris. 1909. p.555.

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