Figura del Dios Ares o Marte

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Imponente figura masculina, realizada en bronce hueco, de un hombre joven, presentado de pie, completamente desnudo, sobre un podio rectangular con plinto. Se caracteriza por una intención del artista de destacar una perfecta musculatura del cuerpo, que presenta una oposición armónica del mismo en contraposto. El brazo derecho, hoy perdido, estaba realizado pieza a parte y unido mediante sistema de encaje. En cambio puede verse como el izquierdo, estirado hacia delante y hacia abajo, sujeta, con ayuda del antebrazo y la mano, una espada, parcialmente perdida, quizás introducida en una vaina. El cabello está recogido debajo del casco, con una cresta alta, cuyas plumas están representadas por finas incisiones.

El personaje puede identificarse como una figura heroica o como una deidad, por sus atributos, casto y espada, se concluye que se trata de un guerrero. En una deducción, sin lugar a dudas acertada, puede decirse que es una efigie del dios griego Ares.

Ares era en la Antigüedad clásica el dios griego de la guerra, entendiendo esta actividad como violencia desatada y sin control. Como tal, es representado como un guerrero joven fuerte, alto y terrorífico, siempre armado y dispuesto para la batalla, amante de las trifulcas y el derramamiento de sangre.

Los griegos no fueron muy devotos seguidores de este dios, al que apenas rindieron culto en algunos santuarios. Pocas son las imágenes que se han conservado, la mayoría de ellas plasmadas en bustos, estatuas, monedas, relieves y joyas, de época romana, que seguían el modelo escultor ateniense Alcámenes (nacido quizás en la cleruquía ateniense en la isla de Lemnos, haciendo carrera en Atenas y discípulo de Critios y Fidias, en el siglo V a.C.). Pausanias hace referencia a una estatua de Ares, obra de Alcámenes, que fue erigida en el ágora de Atenas, que podría ser el Ares Borghese. Sin embargo, el templo de Ares que menciona no fue trasladado desde el suburbio de Acarnas hasta el ágora hasta tiempos de Augusto, y las otras estatuas que se conoce que derivan de la estatua de Alcámenes muestran al dios en un pectoral, por lo que no es seguro que la estatua de Ares de Alcámenes fuese la que hoy está en el Museo del Louvre.

Los romanos, sin embargo, asimilaron al dios Ares con su propia divinidad de la guerra, Marte, un dios muy popular que estaba en la esencia del carácter romano y que incluso participó en la leyenda de la fundación de Roma como padre de Rómulo y Remo.

Normalmente Ares es representado como un hombre joven, con cabellera anástole (propio de los guerreros helenos), y rostro y cuerpo sin vello. El carruaje y la antorcha encendida son algunos de sus símbolos. Ares montaba un carruaje tirado por cuatro caballos inmortales con bridas de oro que lanzaban fuego. Entre los demás dioses, Ares era reconocido por su armadura de bronce, la lanza, el casco de cresta roja (que usaban los ejércitos de las polis griegas), y la espada.

Como ya se ha mencionado anteriormente, pocos monumentos con imágenes del dios griego han sido conservados hasta la actualidad, en las que pueda verse la imagen del dios heroico desnudo. A diferencia de la versión romana, un dios de mediana edad con vestimenta militar, en que pueden hallarse innumerables ejemplos que pequeños lares de Marte en bronce, en su mayoría.

Cabe destacar las dimensiones de la escultura, pues la mayoría de las imágenes de deidades conservadas son menores de veinte centímetros de altura, pues se crearon para rendir culto a los dioses desde las capillas y larariums de los hogares romanos. Ejemplos de mayor tamaño han llegado en menor cuantía debido a que en época de conflictos y guerras eran fundidas para la fabricación de armas o para la creación de otras imágenes por parte de la parte contraria. Es por tanto, un hecho remarcable la altura ce cuarenta centímetros de esta escultura, que la convierte en un bronce romano de “gran tamaño”.

Esta imagen escultórica puede considerarse como un lar de grandes dimensiones. Es decir, una representación para rendir culto ya fuera en un larario de un hogar privado o por ejemplo pudiendo ser transportado y expuesto en las dependencias del campo de batalla de un militar de alto rango para conseguir su favor y victoria. El larario o “lararium” era un pequeño altar sagrado que había en las casas romanas, en el que los miembros de la familia realizaban ofrendas y oraciones a los dioses o espíritus guardianes del hogar, representado en pequeñas estatuas llamadas lares, mayormente realizadas en bronce. En las viviendas de los patricios, el lararium se situaba por lo general en el atrio, el patio principal de las viviendas. En las casas más humildes, que no disponían de atrio, se situaba más a menudo en la cocina, cerca del fuego central.

Para los romanos Marte era el dios de la guerra y, como tal, se le representaba con armadura y yelmo, listo para el combate. Originariamente era el dios patrón de los pueblos itálicos, fueron tanto guerreros como agricultores, hecho que se refleja en su naturaleza bivalente, como otros dioses romanos. Por lo tanto, era un dios guerrero y ctónico, del inframundo, asociado a la tierra a la protección física y espiritual de los cultivos.

Gozaba de una inmensa popularidad, y era una de las deidades más adoradas en Roma, solo sobrepasada por Júpiter. Sus representaciones son como hombre armado con casco y lanza, y a veces escudo y espada. En ocasiones está desnudo, otras con vestimenta guerrera e incluso con una capa sobre sus hombros, normalmente joven y afeitado pero otras veces se le representa maduro y barbado y con cierta frecuencia porta en su mano un bastón de mando. Puede llevar la égida con la cabeza de Medusa.

Era hijo de Júpiter transfigurado en flor y de Juno. Según la mitología Juno huyó del Olimpo y se adentró en un templo consagrado a Flora. Allí esta diosa le aconsejó que cogiese una flor de los campos de Oleno, la más hermosa que había visto jamás, pero en realidad era Júpiter transformado. Al cogerla en su regazo nació Marte.

Esta pieza ha sido realizada mediante la técnica de la cera perdida, procedimiento escultórico por el cual se realiza primeramente un molde elaborado a partir de un prototipo, tradicionalmente tallado en cera de abeja. El modelo previo se rodea de una gruesa capa de material blando que se solidifica, normalmente barro; una vez endurecido se coloca en el interior de un horno, el cual derrite la figura de cera, saliendo ésta por unos orificios creados exprofeso, y en su lugar se inyecta metal fundido que adopta la forma exacta del modelo. Para extraer la pieza final es necesario retirar el molde.

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