Fragmento de un sarcófago con Meleagro y el jabalí de Calidón

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Fragmento correspondiente a un frontal de sarcófago esculpido en un fino y translúcido mármol en el que puede verse trabajado en un altorrelieve profundo, llegando a ser casi una escultura exenta, de una figura masculina. La parte posterior es completamente plana y no presenta decoración.

Esta figura se presenta desnuda, con la pierna derecha recta y apoyando el pie en el suelo, en cambio la pierna izquierda aparece doblada con el pie sobre la cabeza de un jabalí. Reclina el torso hacia delante y ambos brazos los descansan en la rodilla izquierda, puede verse que con la mano derecha sujeta una espada. Del hombro izquierdo desciende, por detrás de la figura, un ropaje sujeto por una fíbula circular. Se trata de una clámide, una prenda de vestir ligera, hecha de lana, que llevaban a modo de capa los soldados de caballería y efebos griegos entre los siglos V y III a.C. Toda la escena reposa en una base arquitectónica compuesta por un arquitrabe rectangular, tallado curvado hacia adentro en forma de cajón, y una moldura curva, llamada cimacio.

Dada las dimensiones del fragmento cabe pensar, sin lugar a dudas, que formaría parte de un sarcófago importante, de grandes dimensiones decorado al menos por el frontal y los dos laterales siguiendo los esquemas clásicos, y con la imagen de esta figura como elemento central, o con todo el frontal cubierto por una escena mitológica, que tiene como protagionista al hombre representado en este fragmento.

El esquema de un guerrero desnudo y el jabalí lleva identificarlo con el héroe Meleagro y el mito del jabalí Calidón.

La historia de la caza del jabalí de Calidón apareció por primera vez en el arte griego en la iconografía de los vasos cerámicos del siglo VI a.C. y siguió siendo un tema popular hasta la época romana. Una de las primeras representaciones es en el “Vaso Francois” (570 - 565 a.C., crátera de volutas ática, el ejemplo por excelencia de la cerámica de figuras negras, una asombrosa variedad de escenas y personajes de la mitología griega cubren el vaso y lo convierten en una referencia importante para estas historias, algunas de las cuales ya no existen en forma escrita) donde se nombran los personajes e incluso los perros. En escultura, el mito fue representado en una metopa del edificio Tesoro de los Siciconios en Delfos. Quizás una de las representaciones más enérgicas está en un sarcófago de mármol romano de Vicovaro, ahora en los Museos Capitolinos de Roma.

Meleagro:

Meleagro era hijo del rey de Calidón, llamado Eneo, y Altea, fue un legendario cazador y poderoso guerrero. Cuando tenía tan sólo días de vida, las Moiras lo visitaron y le dijeron a su madre que el pequeño moriría, sólo y exclusivamente, cuando se consumiera el tizón de leña que ardía en el hogar. Por lo tanto, Meleagro era invulnerable. Su madre Altea no dudo en sacar del fuego aquel tizón y guardarlo en un lugar seguro.

Meleagro creció y se convirtió en un hombre fuerte y atractivo. Cuando su padre, el rey Eneo, ofreció las ofrendas a los dioses, se olvidó de la diosa Artemisa, y ésta, como castigo, envió a Calidón un enorme y fuerte jabalí para destruir las tierras, las cosechas, los ganados y a cualquiera que intentara detenerlo. Ante la devastación que causaba, Eneo organizó una cacería épica, en la que participaron calidonos y curetes (habitantes de Pelurón), y grandes héroes mitológicos, como muchos argonautas y la gran cazadora Atalanta, de quien Meleagro se enamoró.

Los liderados por Cefeo y Anceo, se negaron a ir de caza con una mujer, hasta que Meleagro les convenció. Finalmente fue la propia Atalanta quien herió al jabalí con una flecha, y Meleagro quien lo remató y se le ofreció la piel a ella como premio.

Se dice que los tíos de Meleagro, que eran curetes, no aceptaron que una mujer se llevase el premio y se lo arrebataron, declarando que era de ellos por derecho de nacimiento. Esto provocó un enfrentamiento entre ambos pueblos. Meleagro mató a sus tíos y su madre Altea le puso fin a la vida de su hijo echando el tizón de leña al fuego hasta que se consumió. Tras su muerte, Altea y Cleopatra, esposa del héroe, se suicidaron. Las hermanas de Meleagro, sumergidas en una amargura sin fin por el trágico final, fueron transformadas en aves por una conmovida Artemisa.

El poeta Homero cuenta que cuando comenzó el conflicto, Meleagro se negó a luchar y esto le dio ventaja a los curetes, que sitiaron Calidón. Su esposa Cleopatra fue quien le suplicó que ayudara a su pueblo y luchara por éste. Meleagro aceptó y logró vencerlos. En esta versión no está muy claro cómo fue su muerte, en combate, en manos de Apolo que luchaba a favor de los curetes o bien tras quemar su madre Altea el tizón al saber que su hijo había matado a sus tíos.

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