Herma de Dioniso

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La herma constituye una creación griega cuyo origen se remontaría al s. VI a.C. Se trata de un pilar esculpido en piedra, generalmente de sección cuadrada, sobre el cual se situaba el busto del dios Hermes, de quien hereda el nombre, mientras que en la parte frontal del mismo se tallaba un falo erecto, símbolo de la fertilidad, pero también de la defensa y la profilaxis. No obstante, otras teorías sostienen que la primera herma representaba en realidad a Dioniso, dios de la fertilidad y la naturaleza en su estado primigenio.

Las hermai (herma en plural) se colocaban en el ámbito rural para delimitar carreteras y establecer los límites de las propiedades, aunque en las ciudades era habitual hallarlas fuera de las casas, junto a una figura de Hécate, protectora de los cruces de caminos. En la Antigüedad se creía que en las zonas fronterizas, de tránsito, también llamadas «liminales», habitaban seres malignos que podían decidir el destino de quien se atreviera a cruzarlos. Por ello, proliferaron todo tipo de creencias y amuletos que aseguraban proteger a los viajantes y comerciantes.

Las cualidades apotropaicas, es decir, de alejamiento de lo maligno, ya fuera espíritu, adversidad o enemigo, de las hermai propiciaron que se mantuviera el estilo arcaico que caracterizara los primeros ejemplares conocidos. Si bien las hermai, como tipología escultórica, evolucionaron desde la representación del dios Hermes, mediante la adición de otras divinidades o retratos de hombres ilustres, es posible afirmar que se intentó mantener el estilo primitivo. En época romana, las hermai perdieron su sentido original al ser incorporadas a los jardines de las grandes domus, con una mera función estética, simple evocación del clasicismo heleno, aunque en ocasiones, continuaran tallándose los órganos sexuales en la parte inferior del pilar como reminiscencia de su arcaica relación con el culto a la fecundidad.

Este ejemplar, de producción romana, de época alto imperial, imita el estilo griego arcaizante del siglo V a.C., especialmente visible en los cabellos del dios. Éstos enmarcan su rostro con dos hileras de rizos que caen sobre ambos hombros, con un largo bigote y barba ondulada, labios carnosos y ojos hundidos para contener incrustaciones (hoy perdidas), tiene el cabello arreglado en tres hileras de rizos sobre la frente. Está coronado por una diadema.

La elección de Dioniso para decorar ésta herma no resulta fortuita: en la mitología griega, Dioniso encarna el poder de la naturaleza salvaje, representa el frenesí y el desorden. Estas atribuciones serían recogidas más tarde por Nietzsche en El Nacimiento de la Tragedia (1872), donde expresa cómo Dioniso personifica el caos, apelando a las emociones y los instintos.

Dioniso, cuyo nombre significa «hijo de Zeus» era el dios olímpico de la naturaleza, las celebraciones (symposium), el vino, el éxtasis, el desorden y el teatro, y entre sus mitos se incluyen viajes a lejanos territorios (Egipto, Anatolia, India, etc.), detalle que podría indicar el origen oriental de la divinidad.

Hijo de Zeus y Sémele, princesa de Tebas, el mito sobre el nacimiento de Dioniso presagia la naturaleza mistérica que adquiría su culto. Enterada la vengativa Hera de la infidelidad de su consorte Zeus, convenció a Sémele, quien ya estaba embarazada de Dioniso, para que éste se le presentara en toda su majestad. Si bien Zeus al principio se resistió, terminó cediendo a los deseos de su amante quien, al ser una mera mortal, fue fulminada por el fuego y los rayos. Desesperado por lo ocurrido, Zeus consiguió salvar a su hijo al coserlo a su muslo hasta completar la gestación. De ahí, que a Dioniso se le conozca como «el dos veces nacido» o con el epíteto dimetor («de dos madres»). Pese a tener una madre mortal, fue considerado un dios desde su nacimiento. Una vez que se produjo el mismo, existen dos versiones sobre su crianza: una de ellas sostiene que Zeus entregó el niño Dioniso a Hermes, mientras que otra asegura que estuvo bajo la tutela de las Ninfas de la lluvia de Nisa, quienes le sacaron de las cenizas maternas y lo entregaron posteriormente a la reina Ino.

El hecho de que Dioniso sobreviviera a la muerte de su madre se interpretó como un triunfo sobre la muerte, siendo adorado ya como divinidad mistérica en Eleusis, junto a Deméter y Perséfone. Asimismo, las fuentes antiguas aseguran que el dios fue iniciado en los misterios frigios por la propia diosa Cibeles, mientras que la tradición órfica narra la segunda resurrección del dios: los Titanes, celosos de las atenciones que recibía por parte de Zeus, despedazaron y destruyeron su cuerpo, salvo el corazón. Recogido por Atenea, éste fue ingerido por su padre y Dioniso emanó nuevamente de Zeus.

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