Huaco de un personaje con la deformidad de labio leporino

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Huaco figurativo realizado con asa de estribo en la parte dorsal. Representa una figura de un hombre con una edad avanzada, en posición sedente con las piernas cruzadas cobre un elemento esférico de mayor tamaño. Todo el cuerpo está recubierto por un manto del que únicamente puede verse su rostro y las manos, situadas sobre las rodillas.

La característica más destacaba del huaco es su atención en la presentación de una deformidad facial, el labio leporino. Esta patología médica puede denominarse también labio fisurado o fisura labial, un defecto congénito que consiste en una hendidura o separación en el labio superior. Se origina por la fusión incompleta de los procesos maxilar y nasomedial del embrión y es uno de los defectos de nacimiento más frecuentes. Se presenta, frecuentemente, acompañado de paladar hendido o fisura palatina.

La aparición de muchos ejemplos cerámicos de figuras con deformidades o médico-curanderos actuando sobre otros personajes hace denotar en que la sociedad mochica se preocupaba tanto por sus enfermos como consideraba a los curanderos y curanderas seres sobrenaturales y de una importancia alta dentro de la pirámide social. La recuperación de la salud fue un fenómeno que debió influir mucho en sus creencias y en su fe.

El labio leporino pudo ser una enfermedad relativamente extensa en la sociedad moche, puesto que es quizás la patología más representada en su arte. Sin duda debía de tener unas connotaciones especiales en sus afectados, no necesariamente peyorativas.

Los huacos son vasijas cerradas, de cuerpo globular o escultórico, base plana y un asa tubular en forma de estribo. Han sido y son uno de los elementos primordiales para conocer no sólo las características de esta cultura prehispánica, sino su sociedad, el entorno natural en el que se desarrollaron y las diferentes etapas de su evolución cultural. Su nombre deriva de “huaca”, nombre con el que se designaban las tumbas, puesto que eran vasos plásticos destinados al ajuar funerario.

La tonalidad policroma de los huacos, en términos generales es bícroma (color rojo sobre color crema), aunque estos colores poseen una amplia gama de tonalidades, existiendo una tendencia a ser más oscuras al final del desarrollo Moche.

Asentada en la costa norte del Perú, la cultura Moche se desarrolló en los valles de Lambayeque, Chicama, Moche y Virú, entre el 1 al 800 d.C. Esta región se caracteriza por un desierto atravesado por varios cursos de agua, que desembocan en un océano particularmente rico en recursos marinos.

Los artesanos Moche lograron piezas maestras tanto en cerámica, tejido, y orfebrería. Su estilo característico abarca los más diversos materiales, como las calabazas pirograbadas, la pintura mural, el arte en plumas, y la pintura corporal y el tatuaje. La decoración de la cerámica demuestra una maestría en el trabajo alfarero pocas veces superada, recurriendo a las técnicas de inciso, bajorrelieve mediante estampado y la pintura en superficies lisas. Parte importante de estos objetos eran realizados en talleres especializados controlados por el Estado, en los cuales se confeccionaban piezas en serie realizadas con moldes. Estas vasijas no sólo muestran una gran variedad de formas y estilos decorativos, sino que además ostentan representaciones de mitos y rituales. En la orfebrería, trabajaron con maestría metales como el oro, el cobre y la plata, con los cuales realizaron orejeras, narigueras, brazaletes, cuentas de collar, pinzas y herramientas de distinto tipo. Destaca el tumi o cuchillo ceremonial que muchas veces era portado sólo por las autoridades.

En su cúspide, la cultura Moche parece haber estado constituida por dos Estados independientes que controlaban la región norte y sur respectivamente. En ambos casos se trataba de una sociedad sumamente jerarquizada en la cual los guerreros ocupaban un lugar muy destacado. De hecho, la máxima autoridad política parece haber sido una suerte de “sacerdote guerrero”, que fue profusamente representado en el arte de este pueblo. Bajo estas autoridades se encontraban varias capas sociales compuestas de artesanos, comerciantes y un gran número de campesinos, pastores y pescadores. Lugar obviamente aparte ocupaban los prisioneros de guerra, sometidos a esclavitud y frecuentemente sacrificados en honor a las deidades.

Las representaciones en las vasijas muestran detalladamente el mundo sobrenatural Moche, compuesto de mitos, dioses, animales sagrados y distintas ceremonias. Entre las deidades, destacan zorros, búhos, colibrís, halcones y felinos. Estos personajes actuaban como sirvientes de otras deidades mayores, que poseían forma humana y que ostentaban fastuosos trajes, así como feroces rostros con colmillos entrecruzados. Las sepulturas de la gente importante eran tumbas rectangulares de adobe con nichos especiales para ofrendas. Algunos cuerpos eran depositados sobre esteras de caña, otros eran depositados en cuevas dentro de ataúdes de cañas. Los personajes más importantes eran enterrados con máscaras de metal y acompañados de ricos ajuares mortuorios, junto a sirvientes y animales. El llamado “Señor de Sipán” es el ejemplo más notable de este tipo de sepultura.

Un gran número de motivos de la cerámica Moche inicial se deriva de la cultura Recuay. Los contactos entre ambas culturas son indudables, ya que todas las aguas de riego utilizadas por los Moche en sus valles tenían orígenes en territorios Recuay. También, en los inicios de la sociedad Moche, es posible encontrar vinculaciones con las poblaciones Salinar y Gallinazo. Es muy probable que el fin de Moche fuera producto de la intromisión del Imperio Wari, aunque también se supone que largos períodos de inundaciones producto del fenómeno “El Niño” habrían destruido la infraestructura agrícola, precipitando el colapso de esta cultura. En estas épocas finales de Moche ya se observan ciertos rasgos que anticipan la cultura Chimú.

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