Máscara

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Teotihuacán «Lugar donde fueron hechos los dioses; ciudad de los dioses» es el nombre que se da a la que fue una de las mayores ciudades de Mesoamérica durante la época prehispánica. Era también el lugar de los muertos. Los que allí eran enterrados eran teutl, héroes divinizados. Como a los dioses, a los que nadie podía ver su rostro porque llevaban máscaras, los grandes señores teotihuacanos o toltecas sepultados en Teotihuacán, también la llevaban para presentarse en el inframundo. Las máscaras eran el nexo entre el difunto y la divinidad, el medio por donde se comunicaban, las portaban para ascender al mundo celestial.

Dentro de este contexto, las esplendorosas máscaras teotihuacanas presentaban el mismo tipo de rostro humano, es decir, se caracterizaban por tener los ojos ovalados, las cejas alargadas, la nariz levemente ancha, la boca entreabierta y las orejas cuadriformes. Asimismo, se distinguían dos tipos de medidas, unas grandes que medían entre 20 y 28 centímetros, y otras más pequeñas entre 13 y 19 centímetros. Eran excepcionalmente talladas en piedras duras, algunas recubiertas con mosaicos de turquesa, coral u obsidiana, así como otras, elaboradas en un material más blando, estucadas en color turquesa para simbolizar al dios de la lluvia, en rojo para representar al dios del fuego, o en negro para personificar a Quetzalcóatl.

Según los estudios realizados a las máscaras de la cultura teotihuacana, se clasifican en tres grandes grupos:

- Serpentinita: destacadas por sus colores que van desde el verde grisáceo brillante hasta el verde oscuro, a veces, veteadas con minerales serpentinos.
- Travertino: recalcan por sus tonalidades desde el amarillo blanquecino, pardo amarillento, naranja rojizo y hasta un verde azulado, aunque, algunas se presentan translúcidas o con incrustaciones de pirita.
- Caliza: hechas en piedra calcárea, sus colores oscilan del gris brillante al más oscuro, llegando al negro mate o pulido, además, con elementos circulares tallados en las mejillas.

No había tradición de retratos en la gran ciudad de Teotihuacán, pero las máscaras que representan el rostro humano son características de este yacimiento. La máscara que nos ocupa tiene una peculiaridad respecto a la mayoría de ejemplos, en lugar de tener una frente ancha y corta, se presenta alargada de forma y rectilínea. Una nariz triangular estrecha y alargada, se sitúa entre los dos ojos, ovalados, con largas cejas marcadas. La boca se presenta igualmente elíptica y entreabierta, con los labios manifiestos. Las depresiones de los ojos y la boca sugieren que podría haber tenido originalmente conchas o piedras incrustadas para la representación de ojos y de los dientes. Aunque la máscara está tallada en piedra verde, en su estado original podría haber sido pintada como otras máscaras de este tipo. Las orejas largas y cuadrangulares presentan un orificio en la parte inferior, lo que deduce a pensar en la posibilidad de portar pendientes realizados a parte, quizás también en algún tipo de piedra.

Pueden apreciarse, en la zona lateral de la frente, una perforación a cada lado, pudiendo sugerir el destino de ser adherida a otro objeto y permitir su uso por personas vivas, pero dado el peso de la piedra y la falta de agujeros para los ojos y la boca, descartaría dicha posibilidad. En cambio, pueden haber sido adheridas a esculturas de figuras humanas o sobre los cuerpos extintos de los nobles o sacerdotes, sujetos mediante el uso de cintas o correajes en dichos agujeros.

La arquitectura en Teotihuacán logró niveles de perfección asombrosos, no sólo por la orientación astronómica de sus edificios y calles, sino también en sus formas y decorados. Cabezas de piedra empotradas mostrando dioses, columnas llenas de bajorrelieves con diseños simétricos y decoraciones de envergadura monumental, son algunos ejemplos.

En cerámica también lograron una gran maestría. Destacan especialmente los incensarios y braseros con tapas profusamente decoradas y pintadas en varios colores. Las representaciones de cabezas de dioses o sacerdotes con enormes tocados son característicos y señalan la perfección adquirida por los maestros alfareros.

Dicha cultura estaba gobernada por un grupo nobles y sacerdotes que ostentaban el poder y el control de todas esferas de la sociedad. Esta élite debió poseer conocimientos ligados a muchas de las áreas del saber de la época, tales como la astronomía, la economía, la religión, la guerra, el arte y el calendario, los cuales eran utilizados para profundizar su poder y dirigir una sociedad altamente estratificada. Más abajo en la escala social se encontraban los comerciantes y los artesanos especializados, que producían bienes de alto valor para las clases más altas. En la base de la sociedad se encontraban los campesinos, los cuales vivían en los sectores más modestos de la ciudad o dispersos en aldeas pequeñas cercanas a los campos de cultivo.

BIBLIOGRAFÍA:

- The Metropolitan Museum of Art. Art of Oceania, Africa, and the Americas from the Museum of Primitive Art. New York. 1969.

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