Oinochoe

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La palabra oinochoe proviene del griego antiguo «οἶνος–χέω», cuyo significado alude a la propia función del vaso: «vino–verter». Era utilizado como recipiente para el vino, pasándolo de la crátera a los kylixs. Este oinochoe en bronce presenta una bella pátina verde con algunas manchas azuladas.

De base plana, se ensancha en su parte alta con hombros marcados de perfil redondeado, con un cuello ancho y corto que culmina en una boca en la que se aprecia el pico en ángulo sobre elevado y alargado similar al prototipo de jarra picuda 9 establecido por Beazley (ver Museo Arqueológico Nacional inv. 1999/99/156). Una gran asa estriada vertical une la boca con el cuerpo de la jarra: ésta se bifurca sobre el labio del vaso y remata en forma de una posible pantera reclinada, u otro felino, a cada lado, pues la decoración con motivos zoomorfos era habitual en los oinochoai etruscos. El asa culmina sobre el cuerpo con un aplique en forma de palmeta invertida con tallos en espiral que finalizan en hojas a ambos lados, entre las cuales puede verse el busto de un personaje con la boca abierta, barbudo, con el pecho descubierto y los brazos doblados hacia los lados con las manos abiertas alzadas. Quizás se trate de un Sileno, dada su connotación con el vino. Este esquema era un modelo habitual entre las jarras etruscas, como se percibe en los tres ejemplos conservados en el Metropolitan Museum of Art, New York (n. 12.160.1, 12.160.2 y 12.160.3). Esta tipología se produjo principalmente en la ciudad de Vulci, Civita Castellana, desde la cual se exportó por toda Italia y al resto de Europa.

Al estar realizado en bronce, en lugar de cerámica (material utilizado mayoritariamente para la confección de vasos para contener alimentos y bebidas), un material mucho más caro en la antigüedad, se deduce el hecho de que este ejemplo probablemente formaba parte de una vajilla propiedad de individuos ricos o aristocráticos.

Los recipientes utilitarios para servir vino, como este oinochoe etrusco, eran populares en el mundo clásico a partir del período geométrico temprano. Los olpai y oinochoai se usaron para transferir el vino de la crátera; puesto que el vino en la antigüedad, debido a su alto contenido de alcohol, generalmente se mezclaba con agua en éstos grandes vasos, para crear una bebida menos poderosa. Sumamente popular durante los simposios, los diferentes modelos de estas jarras se exportaron por todo el Mediterráneo, con especial difusión por Italia, como se observa en este caso, asimilada por la cultura etrusca. Estas formas de jarras continuaron utilizándose durante siglos, tanto en el período helenístico como romano. El arte etrusco recibió influencias directas del arte figurativo griego, fundamentalmente en la concepción del cuerpo humano y la plástica naturalista, claramente visible en la amplia producción de escultura en terracota del s. VI a. C. y en los coloridos frescos que decoran sus necrópolis.

Aunque aún no existe consenso entre los historiadores acerca del origen de los etruscos, fue un pueblo que se desarrolló en las regiones de la actual Toscana, Umbría y el Lacio de la península itálica durante los siglos VIII-I a.C. Durante el Periodo Vilanoviano (s. IX-VIII los etruscos crearon asentamientos que se convertirían en grandes ciudades, beneficiadas por la abundancia de cosechas, el buen clima y los copiosos yacimientos metalíferos. A partir del siglo VIII a.C., cuando empezaron las incursiones de los Fenicios y Griegos en sus territorios, los líderes etruscos se aprovecharon de los contactos comerciales para incrementar su riqueza y adoptar la tecnología foránea. En el s. VI a.C., considerado el periodo «clásico» de esta civilización, los etruscos ya estaban organizados en ciudades-estado independientes con un régimen monárquico que se haría con el control de la incipiente Roma.

BIBLIOGRAFÍA:

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- BRENDEL O. Etruscan Art. New Haven and London. Yale University Press. 1995.
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- CIANFERONI, G. C. Catálogo de exposición Los etruscos. Museo Arqueológico Nacional. 27 de septiembre 2007-6 de enero 2008. Ministerio de Cultura. Madrid.
- PRAYON, Friedhelm. Los etruscos: historia, religión y arte. Acento. Madrid. 2001.
- RICHTER, G. M. A. Handbook of the Classical Collection. The Metropolitan Museum of Art. New York. pp. 108-9, fig. 71. 1930.
- Visiting the Etruscan Cities, Ara Edizioni. 2015.

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