Relieve con una escena de venatio (caceria de fieras)

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Fragmento de un relieve parietal de mármol de grano semigrueso con una escena figurativa tallada en altorrelieve. Por su conservación, sin ningún lado definido no puede saberse en dónde se situó, puede provenir de una decoración de un edificio, ya fuera público o privado, o también formaría parte de las paredes de un sarcófago, tallado enteramente de un bloque de mármol y decorado con una iconografía de temática circense.

Los romanos eran unos grandes aficionados a los espectáculos, no cabe duda de que los grandes espectáculos de masas fueron la manifestación de ocio más popular durante la época imperial. En origen pertenecían al culto romano y tenían un lugar en el calendario festivo. Se celebraban tres o cuatro veces al año y eran en honor de algún Dios, generalmente, Marte y Consus, y consistían en carreras de caballos o de carros. Los grandes juegos públicos (ludi publici) suponen el emblema de la clásica visión romana del ocio como una actividad que debe satisfacer las ansias de evasión y recreo del pueblo, y garantizar a la vez el correcto orden social. Estos juegos fueron desarrollándose durante los años de la República, pero fueron los emperadores, encabezados por Augusto, los que los convirtieron en una obligación del Estado, es decir, en una medida política de carácter populista y de exaltación imperial.

Estos grandes espectáculos de masas tenían lugar en dos enclaves característicos: el anfiteatro y el circo, que se convirtieron en centros de recreo y en foros donde ejercer de manera indirecta y controlada el derecho a la participación ciudadana. De origen estrictamente romano, el anfiteatro era un espacio destinado sobre todo a las luchas de gladiadores, las cacerías de fieras y las naumaquias. Tenía una forma elíptica y estaba formado por gradas separadas por un muro que flanqueaba un área central, la arena.

Por su parte, el circo fue la instalación más grande de todas las proyectadas en Roma para entretener al pueblo. Su origen se remonta a los hipódromos y estadios griegos, y estaba formado por un recinto alargado en forma de rectángulo. Los lados más alargados se unían en uno de sus extremos por un semicírculo y en el opuesto por una curva poco pronunciada. La pista estaba formada por la arena, dividida en dos por un muro denominado espina, donde se colocaban los jueces. En el circo tenían lugar sobre todo carreras de carros y de caballos.

Otro de los espectáculos más curiosos de los realizados en los anfiteatros eran las naumaquias, combates navales realizados en la arena después de ser trasformada en un estanque. Pero, quizás el juego más violento de todos eran los bestiarios; exhibición de animales exóticos como jirafas o elefantes, la matanza de cristianos por parte de fieras y las cacerías de animales. Estos espectáculos con animales recibían el nombre de venationes.

Las bestias salvajes exóticas eran traídas a Roma de los confines del Imperio. Se realizaban a primera hora de la mañana, antes del evento principal, el lucha de gladiadores. Las cacerías se llevaron a cabo, además de en el anfiteatro, en distintos espacios como el foro, la saepta o el circo, aunque ninguno de estos últimos lugares ofreció protección a la multitud de los animales salvajes en exhibición. Se tomaban precauciones especiales para evitar que los animales escapasen, como la construcción de barreras y la excavación de zanjas. Muy pocos animales sobrevivieron a estas cacerías, aunque a veces mataban al cazador, que bien podían ser esclavos, prisioneros o expertos gladiadores. Miles de animales salvajes podían ser sacrificados en un día, por ejemplo durante la inauguración del Coliseo, más de nueve mil animales fueron asesinados.

Los animales más comunes que participaban en el venatio eran los leones, osos, venados, jabalíes y cabras salvajes, los cazadores a veces se respaldaban con caballos y perros, y en ocasiones se exhibían animales exóticos como elefantes, tigres, leopardos, cocodrilos o hipopótamos.

El fragmento en cuestión muestra claramente una de estas instantáneas; situado a la izquierda de la escena un personaje masculino, del que resta el busto, se dirige hacia los animales con los brazos en alto, en señal de ataque o presión, ayudado por un látigo o correa. En la parte superior derecha puede deducirse claramente la figura de un jabalí boca abajo, indicando que éste estaría ya fallecido. Inmediatamente debajo, un segundo animal, de difícil atribución se enfrenta al cazador y detrás un tercer animal con la cabeza girada, parece que esté ascendiendo una roca, puede interpretarse como un oso.

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