Torso del héroe Diomedes

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Escultura en bulto redondo del torso y partes superiores de las piernas del héroe griego Diomedes. La figura aparece desnuda salvo por el ropaje del héroe, apoyado en el hombro izquierdo, se sujeta mediante una clámide circular, cubriendo una parte de la clavícula, i el lateral del pecho izquierdo y descolgándose tanto por delante como por la espalda hacia su brazo, con el cual acabaría de sujetarla. El peso de su cuerpo recae sobre la pierna derecha, dejando la pierna izquierda flexionada levemente. Este aspecto aporta al conjunto de la escultura naturalismo y un discreto dinamismo. En el mundo del arte es conocido como “contrapposto” proporcionando cierto movimiento a la escultura y contribuye a romper la ley de la frontalidad.

Tanto la espalda como el torso están prácticamente libres, y permite ver de forma clara y perfecta la anatomía de la figura, tanto de la columna vertebral y glúteos, como del pecho, abdominales y pelvis. El artista ha cincelado con gran virtuosismo estos detalles anatómicos de la figura, sobre todo por la parte frontal.

Por la posición y tipo de manto, puede compararse con las esculturas de Diomedes, como la conservada en el Musée du Louvre de Paris. Las monedas imperiales de la ciudad de Argos muestran de hecho un personaje portando una estatuilla en la misma actitud que la del Louvre. El episodio es conocido por la canción X de la Ilíada de Homero: durante la Guerra de Troya, Diomedes y Ulises robaron el Palladion, esta representación de la diosa Atenea cargada de poderes mágicos y protectora la ciudad. El Museo Archeologico Nazionale de Nápoles y Glyptothek de Munich, conservan las mejores y más completas versiones.

La ponderación de las estatuas recuerda la escuela Policleto. La reproducción de la obra en las monedas de Argos, y el culto que se rinde a Diomedes en esta ciudad griega, indicaría el origen del Peloponeso de tipo estatuario, a veces atribuido a Naucydes. Sin embargo, el tratamiento de las cejas, la nariz y el ojo, de las obras conservadas en museos, recuerda al utilizado para las características de la Atenea Palas de Velletri, que se exhibe en el Louvre junto a la escultura de Diomedes, cuya producción se sitúa alrededor del 440 o 430 a.C. Esta Atenea se atribuye al escultor Cresilas, realmente se trata de una obra romana en mármol basada en un original griego de bronce atribuida a dicho escultor. Es por esta obra y demás esculturas de Cresilas, a quién se le atribuye la creación de Diomedes en bronce, base con la que los romanos copiaron en mármol.

Cresilas:

Cresilas fue un escultor griego del siglo V a.C., contemporáneo de Fidias. Originario de la ciudad de Cidonia, en Creta, desarrolló su carrera en Atenas. Se le debe el retrato de Pericles llamado «olímpico» que estaba situado en la Acrópolis, una estatua de bronce, le representaba de pie en una actitud próxima a la de los bronces de Riace. Se acerca el estilo de Pericles olímpico al de la Atenea llamada Palas de Velletri, cuya estatua epónima está conservada en el museo del Louvre y de la escultura de Diomedes con la lanza, cuyos ejemplares figuran en la Glyptothek de Múnich y en el Louvre.

Es también el autor de una Amazona herida realizada en el marco del concurso organizado en 440 - 430 a.C. para el templo de Artemisa en Éfeso y finalmente ganado por Policleto. El tipo de la Amazona herida es conocido por numerosas copias que es difícil atribuir a los diferentes competidores. Se le atribuye también una estatua de un gurrero moribundo herido descrito por Plinio el Viejo, quizás la misma que la «estatua de bronce de Diítrefes, herido por flechas» que vio Pausanias en la Acrópolis en el siglo II. Una basa datada de 450 a.C. lleva efectivamente la inscripción: “Hermólico, hijo de Diítrefes. Obra de Cresilas”. Conocidos son un Doríforo (portador de lanza), de una vaca votiva a Deméter Ctonia  y de un exvoto a Atenea Tritogenia.

Diomedes:

En la mitología griega, Diomedes es un héroe aqueo hijo de Tideo, rey de Etolia, y de Deípile, hija de Adrasto, rey de Argos, ciudad en la que nació y creció. Fue rey de Argos y uno de los héroes griegos más temidos de la Guerra de Troya. Llevaba la batalla en la sangre. Su padre, aliado de Polinices, hijo de Edipo, había caído en la batalla ante la ciudad de Tebas. Más tarde, Diomedes y sus otros hijos de los «siete» que habían sitiado Tebas, concentraron sus fuerzas contra la ciudad. Estos hijos, los Epígonos, fueron mejores que sus padres en la batalla e hicieron huir a los tebanos antes de derribar los muros de la ciudad.

Diomedes fue después uno de los numerosos monarcas griegos que pretendieron la mano de Helena. Al igual que los demás y a petición de Odiseo, juró a Menelao, el elegido para casarse con ella, que le asistiría en caso de tener problemas por ella. Diomedes mantuvo su promesa y viajó hasta Troya con un gran número de barcos. Durante los diez años de asedio a la ciudad fue un verdadero héroe, sólo sobrepasado por Aquiles y Áyax el Grande. No obstante, de acuerdo con Heleno, el clarividente hijo de Príamo, Diomedes era el más fuerte de todos los beligerantes griegos, responsable de mayores temores que Aquiles. A menudo colaboraba con Odiseo, haciendo de perfecto compañero de fatigas, pues como él, Diomedes era uno de los favoritos de la diosa Atenea que se aseguró de que matase a muchos troyanos, incluido el prominente arquero Pandarus (Pándaro), en el décimo año de guerra. Diomedes hirió gravemente a Eneas y no temía a los dioses que luchaban del lado de los troyanos. Se enfrentó a Apolo, hirió e hizo huir a Ares e incluso clavó su lanza en uno de los brazos de Afrodita, que no era de las más expertas en la guerra.

Diomedes se dedicaba a tareas de reconocimiento junto a Odiseo mientras estaban en el campamento griego. En una de estas incursiones murió el troyano Dolón, al igual que el rey Rheses y doce de sus hombres, aliados tracios de los troyanos. Mejor suerte corrió Licier Glauco, que al enfrentarse a Diomedes descubrió que sus abuelos, Eneas y Belerofonte, habían sido grandes amigos. Decidieron entonces no luchar e intercambiar sus armas, lo que le proporcionó a Diomedes una armadura de oro que valía diez veces más que sus armas de bronce.

Diomedes llevó a cabo muchas heroicidades con y sin la ayuda de Odiseo. Juntos robaron el Paladio, una estatua de Atenea que se encontraba en Troya y que era necesaria para la victoria griega. También acompañó a su amigo a Lemnos para encontrar al arquero Philoctetes (Filoctetes).

Tras la Guerra de Troya, Diomedes regresó a casa, aunque tuvo que renunciar al trono de Argos forzado por Afrodita, que no había olvidado la herida de guerra. Llegó al sur de Italia y fundó Argyripa o Arpi. Durante el camino, muchos de sus compañeros se transformaron en aves acuáticas por la intervención de la diosa del amor, irritada ante su actitud. Diomedes se dio cuenta de que tenía poco que ganar si se aliaba con los enemigos de Eneas, que querían expulsar al troyano de su territorio, y de que no debía enfadar de nuevo a Afrodita, por lo que decidió firmar la paz con su hijo.

Los romanos aportaron dos importantes novedades al mundo de la escultura: el retrato y el relieve histórico, ninguno de los cuales existía en el mundo griego.

Sin embargo, siguieron los modelos griegos para gran parte de su producción escultórica, base que en Roma se conjugará con la tradición etrusca. Tras los primeros contactos con la Grecia del clasicismo a través de las colonias de la Magna Grecia, los romanos conquistan Siracusa en el 212 a.C., una rica e importante colonia griega situada en Sicilia, adornada con gran número de obras helenísticas. La ciudad fue saqueada y sus tesoros artísticos llevados a Roma, donde el nuevo estilo de estas obras sustituyó pronto a la tradición etrusco-romana imperante hasta el momento. El propio Catón denunció el saqueo y la decoración de Roma con las obras helénicas, que consideró una peligrosa influencia para la cultura nativa, y deploró que los romanos aplaudieran las estatuas de Corinto y Atenas, ridiculizando a la vez la tradición decorativa en terracota de los antiguos templos romanos. No obstante, estas reacciones de oposición fueron en vano; el arte griego había sometido al etrusco-romano en general, hasta el punto de que las estatuas griegas se encontraban entre los premios más codiciados de la guerra, siendo exhibidas durante la procesión triunfal de los generales conquistadores.

PARALELOS:

- Diomedes. Mármol, copia de un original ático del 450 – 430 a.C., presumiblemente por Cresilas. Museo archeologico nazionale di Napoli, Nápoles.
- Diomedes, copia romana de una estatua de Cresilas, c. 430 a.C. Glyptothek, Munich.
- Diomedes. Siglo II – III d.C. Copia romana de un original griego clásico, 430 – 370 a.C. Musée du Louvre, Paris.

BIBLIOGRAFÍA:

- BOARDMAN, John. La Sculpture grecque classique. Thames & Hudson. Paris. 1995. pp. 206 y 214.
- GRIMMAL, Pierre. Diccionario de mitología griega y romana. Paidos.
- HARD, Robina. El gran libro de la mitología griega. La Esfera de los Libros. Madrid. 2008.
- MULLER-DUFEU, Marion. La Sculpture grecque. Sources littéraires et épigraphiques, éditions de l'École nationale supérieure des Beaux-Arts. Beaux-Arts histoire. 2002.
- RICHTER, Gisela M. A. Sculpture and Sculptors of the Greeks. Yale University Press. 1970. p. 72 y sig.

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